Santa Fe errante

Además del Campín, Santa Fe ha sido local en otros estadios de Bogotá y Cundinamarca, pero también ha tenido sedes lejos de la capital, incluso en el exterior.

Santa Fe recibió a River Plate en el estadio “La Nueva Olla”, en Paraguay. Foto: Prensa Santa Fe

Por Camilo Rueda Navarro

En varias ocasiones en su historia, Independiente Santa Fe ha sido privado de usar su sede habitual, el estadio Nemesio Camacho El Campín, propiedad de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Al no contar con un estadio propio, el Expreso Rojo ha debido buscar canchas alternas cuando El Campín no ha estado disponible.

El estadio de Techo y el Alfonso López, de la Universidad Nacional, han acogido a Santa Fe en varios partidos. Pero en algunas ocasiones, las sedes ocasionales lo han llevado muy lejos de la capital de Colombia. En 1999 y el 2021 han sido los mayores periplos del León por fuera de la ciudad.

En 1999, producto de una sanción a su plaza, Santa Fe deambuló por varios estadios. Ese año, el 25 de julio, recibió a Once Caldas en Tunja, con marcador de 2-2. Para la siguiente fecha, la plaza escogida fue Rionegro (Antioquia), donde el 8 de agosto enfrentó al Envigado, con empate 1-1. La tercera plaza en este éxodo lo llevó, incluso, a jugar fuera del país. En San Cristóbal (Venezuela), el 29 de agosto, jugó ante Deportivo Cali, con triunfo 3-2.

Para la temporada 2021, diferentes circunstancias llevaron a Santa Fe a un peregrinaje mayor. La alerta roja decretada en Bogotá por la pandemia del COVID-19, primero, y las protestas del Paro Nacional del 28 de abril, después, fueron los causantes.

Santa Fe en el estadio Centenario de Armenia

Santa Fe disputaba simultáneamente el torneo local y la Copa Libertadores, en cuyos juegos fue forzado a improvisar sedes. Armenia fue la primera parada. Allí, el 28 de abril, enfrentó a Fluminense por Copa (1-2), y, el 2 de mayo, a Junior por Liga (0-0). Sin embargo, las protestas que se desataron en todo el país, incluyendo a la capital del Quindío, impidieron que el estadio Centenario siguiera siendo su casa temporal.

Por decisión de la Conmebol, el 6 de mayo, Santa Fe ofició de local en Asunción (Paraguay) ante River Plate, medida cuestionada por favorecer el desplazamiento del cuadro visitante, a la vez que le evitó visitar una ciudad de altura en Ecuador, como había solicitado el “anfitrión”. El partido terminó 0-0.

Finalmente, en Ambato (Ecuador), en una sede de condiciones geográficas similares a Bogotá, fue el último partido de la temporada, el 25 de mayo. Santa Fe y Junior (obligado a ganar para clasificar a segunda ronda), igualaron 0-0.

El día que Alfonso Cañón opacó a Garrincha

El astro brasilero Mané Garrincha disputó un único partido con el Junior de Barranquilla, en el que la figura fue el volante santafereño Alfonso Cañón, quien marcó dos goles.

Por Camilo Rueda Navarro

El domingo 25 de agosto de 1968, el astro brasilero Manoel dos Santos, “Garrincha”, jugó su primer y único partido con el Junior de Barranquilla. Pero la figura del encuentro fue el bogotano Alfonso Cañón, volante del equipo visitante, el Independiente Santa Fe.

Garrincha, “la alegría del pueblo”, era en ese momento uno de los mejores jugadores de todo el globo. Bicampeón mundial con Brasil, en esos días se encontraba sin club. A sus 32 años, fue contratado por el cuadro barranquillero, un fichaje que causó revuelo.

“Se requirió de la intervención de la Policía para sacarlo de entre 2.000 aficionados que llegaron hasta la nave, rompiendo las rejas que separan la sala de recepción con la pista de aterrizaje”, cuenta Estewil Quesada en un reportaje sobre la asombrosa llegada de Garrincha a Barranquilla.

El 20 de agosto fue su primer entrenamiento, al que asistieron tres mil personas. Sin duda, la figura brasilera era llamativa, pese a su aparente sobrepeso (dijo estar en 76 kilos, cuatro más de su peso ideal).

En ese momento, Mané ya era ídolo del Botafogo y de la selección brasilera, con la que ganó dos títulos mundiales (Suecia 58 y Chile 62). En 1962 fue elegido como el mejor jugador de la Copa. Pero desde entonces lo aquejaba un problema de rodilla, agravado por el consumo de alcohol.

Aprovechando que estaba sin club, la dirigencia de Junior lo contrató para participar del torneo local, gracias a un contrato flexible (con pago por partido jugado). El cuerpo técnico anunció su debut para la misma semana en que llegó: el 25 de agosto de 1968 ante Santa Fe. Ese día, el estadio Romelio Martínez se colmó con 24 mil aficionados, que dejaron una recaudación récord para el momento, de 370.000 pesos.

Roberto Prieto, lateral izquierdo de Santa Fe, recibió la instrucción de marcar al astro brasilero, quien a los dos minutos tuvo su primera intervención a través de un tiro libre, que atajó Heriberto Solís.

En el minuto 17, el Junior abrió el marcador a través de otro brasilero, Eduardo Texeira Lima. Todo era alegría en el Romelio. Garrincha desbordaba por la punta derecha, desde donde lanzaba centros que sus compañeros no lograban definir.

Pero entonces se aguó la fiesta. En el minuto 20, Delio “Maravilla” Gamboa igualó el marcador para la visita. Y 20 minutos después, llegó el segundo gol santafereño a través de Alfonso Cañón, en ese entonces de 22 años y con una estrella en su palmarés (la de 1966).

En la segunda mitad, al primer minuto, el otro brasilero del Junior, Ayrton, marcó el 2-2. El anfitrión buscó por todos los medios el gol triunfo, pero se encontró con una férrea defensa y con el buen fútbol del Maestrico Cañón. Y fue él mismo el autor del 3-2 de la visita, a los 30 minutos del complemento.

Al final, el Expreso Rojo se llevó la victoria y Alfonso Cañón los aplausos, que opacaron el mediático y efímero paso de Garrincha por la liga colombiana.

La siguiente semana, Garrincha dijo que estaba fuera de ritmo y descartó ir al partido venidero para poder ponerse en forma. Según algunos testimonios, su cabeza seguía en Río de Janeiro, en especial por su pareja, la cantante Elza Soares. En una nota periodística le preguntaron por ella:

–¿Cuándo viene Elza?
–Elza no viene. Yo me voy.

Y el 11 de septiembre anunció que se iba a visitarla y que luego volvería para seguir jugando con el Junior. Pero nunca más volvió.

Por su parte, Alfonso Cañón siguió jugando en Santa Fe, con el que obtuvo otras dos estrellas (1971 y 1975). Además se convirtió en el jugador con más partidos disputados y más goles marcados en la historia del club. Al lado de estos registros, se le recuerda también por su buen fútbol, por el que se le considera el mejor futbolista bogotano de la historia.

¡Santa Fe cumple 80 años de garra y pasión!

El club está de cumpleaños y sus nueve estrellas adornan el pastel.

Por Pablo Romero

El león de Santa Fe llegó a los 80 años, pero no jadea, no envejece. Es un león insaciable, fuerte y vigoroso, de larga melena, de finos colmillos. El león se pasea, tan campante, por su octava década, con sus rugidos estentóreos, que braman con orgullosa modestia que es el primer campeón de Colombia. Lleva para la fiesta una corona de nueve estrellas, certificado de su reinado, y un escudo rojo y blanco sobre el pelaje, un escudo que late en el corazón de su manada de hinchas, esos que hoy le celebran su aniversario.

El alegre parto fue el 28 de febrero de 1941. Ese día el fútbol dio a luz a un equipo destinado a luchar, sufrir y vencer. Lo bautizaron Santa Fe, como si quisieran que su destino fuera sagrado. Le pusieron rojo y blanco al uniforme, como si la propia sangre bañara la armadura. Luego adoptaron un depredador como mascota, para que rugiera y reinara. También inventaron un escudo cuyo corazón es un punto rojo. Y se hicieron llamar, animosamente, los cardenales.

Llevan nueve estrellas, y los hinchas las recitan con orgullo: 1948, 1958, 1960, 1966, 1971, 1975… 2012-1, 2014-ll, 2016-ll. Así entraron a la gloria. Trajeron figuras entrañables, como los de la ‘P’ de Perucca, Pontoni, Perazzo, Panzutto y Pandolfi. Hicieron ídolos, como ese de cabeza brillante llamado Omar Pérez. Ese de piernas de acero, apodado Tren Valencia. Ese de saltos de ángel, al que coreaban Gottardi. Ese que le ganaba en velocidad al viento, de nombre Ernesto Díaz, y ese al que llamaron, con total reverencia, maestrico Cañón.

Una vida con Santa Fe

Los hinchas son seres humanos que lloran. Y los de Santa Fe han derramado muchas lágrimas, pesadas, casi sólidas. Es que han vivido muchos sufrimientos y frustraciones. Pero por eso se consideran tan fieles. Porque no abandonaron ni en la gloria ni en el desastre. Hay unos que incluso le han dedicado toda su vida, toda, a esta pasión.

Arminda Rojas es contemporánea del club. Tiene 81 años, uno más que el equipo al que ha visto crecer de cachorro a león. Es una aficionada distinguida entre la multitud cardenal. Le llaman la ‘abuelita de Santa Fe’. Es de mirada noble, sonrisa dulce y voz apacible. Risueña y nostálgica cuando habla de Santa Fe. Lo hace como si retratara la vida de sus cuatro hijos o de sus 12 nietos.

–¿Por qué es hincha de Santa Fe? –se le pregunta, como si esa pasión tuviera explicación.

–¡Porque me nació! –dice, con autoridad–. El día que vi al equipo me enamoré de sus colores y de cómo jugaban sus futbolistas. ¡Me atraparon, je je je!

Arminda vio 7 de los 9 títulos (menos los dos primeros). Ha conocido a centenares de jugadores y tiene recuerdos lúcidos de cada gesta. Considera, con sabiduría de abuela hincha, que los mejores jugadores han sido Alfonso Cañón y Omar Pérez. Cuenta que disfrutó del equipo del 75, que fue campeón, y de algunas plantillas del 80, que no lo fueron. Y aunque conoce toda la historia, se queda con el presente.

–¿Cuál fue el mejor título?
–¡La séptima estrella! Esa fue la que más disfruté. Mejor dicho, casi me enloquezco ese día, por muchas cosas: mi esposo, alma bendita, no lo pudo ver (murió siete meses antes), eso me conmovió mucho. Celebré entre lagrimas y risas –dice.

Su familia es cardenal de pies a cabeza. Ella les heredó esa pasión. Dice, con picardía de abuela, que cuando eran bebés les enseñó a decir san-ta-fe. Eso era más importante que decir abuela. 11 nietos aprendieron. Uno tenía la mirada de otro color.

–¿De qué equipo le salió?
–Ay, no me lo va a creer. Del que menos quería…
–No me diga, ¿de Millonarios?
-Síííí –dice, con una mueca.

–¿Y sus hijos sí son de Santa Fe?
–Ja, ay donde no. No hubieran ni vivido conmigo, ja ja ja.

Los símbolos

El león ya se pasea por su octava década y no es ficción. Esa fiera rugía de carne y hueso, de garras y melena, allá por la década del 70. Salía a la cancha como una mascota que no se puede tocar. Se llamaba Monaguillo (hoy es un simpático león inflable), un nombre más recordado entre los hinchas que cientos de jugadores. Desde la aparición del león, los jugadores lanzan zarpazos feroces, y los hinchas rugen.

Mauricio Torres es uno de ellos. Tiene 51 años. Es uno de los cuatro hijos de Arminda, de esos que primero dijeron san-ta-fe que mamá. Comanda la segunda generación de esta familia, quizá por eso uno de sus ídolos es Léider Preciado. Sus mejores recuerdos, en todo caso, son recientes, como su mamá. “Me quedo con el título del 2012. Lo viví en Cúcuta, con el radio y la TV. Es que eran 37 años sin título. Fue emocionante. Y como mi padre había muerto, le dije a mi madre que él veía desde el cielo la séptima del Santafecito”, cuenta, con voz emocionada. Mauricio es de la generación de la visita familiar al estadio y la olla en la tribuna. Cuando sus cuatro hijos nacieron, les inculcó la misma pasión. “Esto es herencia. Es estar en las buenas y en las malas, es no desmotivarse por perder. Eso es la hinchada de Santa Fe”, brama.

La nueva época dorada

En ocho décadas muchas cosas han pasado: los triunfos memorables y las derrotas implacables. Es que la historia de Santa Fe ha sido de perseverancia. Los 37 años sin ganar una estrella fueron su gran debacle. Podrían extinguir una afición, pero no a esta, que se hizo de piedra para aguantar, hasta volver a reinar.

Cristian Torres tiene 21 años. Es el hijo de Mauricio y el nieto de Arminda. Es de la tercera generación, la que le tocó recoger la bonanza con tres estrellas, tres Superligas, una Copa Suramericana, la Suruga Bank y una Copa Colombia. También le tocó sufrir, pero poco, como aguantar burlas en el colegio por ser del equipo que no ganaba. Hasta que todo cambió con la séptima estrella. “Ganarla fue increíble, a pura garra. Recuerdo la emoción en las calles, el júbilo, la caravana detrás del bus, los abrazos con desconocidos, la euforia y las lágrimas… No tengo 80 como mi abuela, pero estos 21 son de pura gratitud al club. Soy hincha porque de verdad lo amo”, dice.

La familia cardenal está de fiesta. Ya se ponen de pie para ver pasar al león y aplaudirlo. De un claxon famoso ya suena el ta,ta,ta, melodía infaltable para este festejo. Las banderas se ondean, la mirada luce altiva, y el pecho está inflado, como si el viento se probara la camiseta roja. Las velas ya ni caben en el pastel, y no importa, porque este león ruge fuerte, con garra y pasión, como cuando fue el primer campeón.

Tomado de El Tiempo

Muere Luis Gerónimo López, histórico arquero campeón con Santa Fe

A Colombia llegó en 1974 para jugar con el León. Figura fundamental para la sexta estrella. Jugó en la eliminatoria por Colombia. Falleció a los 75 años.

Por El Tiempo

Luis Gerónimo López puede contar que fue campeón tanto con Santa Fe con Millonarios, que, pese a ser argentino, fue jugador de la Selección Colombia, y que además pasó por otros clubes grandes del país. El nacido en Argentina, pero de corazón colombiano, falleció este jueves, a los 75 años.

López, nacido en Córdoba (Argentina), luchaba nuevamente contra un cáncer que esta vez le ganó la batalla. Ya lo había vencido en 2008.

A Colombia llegó en 1974 para jugar con Santa Fe, tras haber pasado por River Plate, Argentinos Juniors, Celta de Vigo y Deportivo Municipal de Perú. Al año siguiente fue figura fundamental para que los rojos ganaran su sexta estrella.

En 1977 pasó al Deportivo Pereira y ese año fue convocado por el técnico Blagoje Vidinic para jugar la eliminatoria para el Mundial de Argentina 1978, junto a otros argentinos nacionalizados: Jorge Amado y Jorge Ramón Cáceres.

De Pereira fue a Millonarios en 1978 y también se coronó campeón con ese club. En 1980 se fue seis meses a Nacional y luego estuvo en Independiente Medellín, hasta finales de 1981.

Ya estaba retirado cuando Alonso ‘Cachaco’ Rodríguez, quien había sido compañero suyo en Santa Fe, lo llamó para jugar en el Quindío, equipo en el que había asumido como DT en 1982. Fue su último club profesional.

Tras su retiro fue un importante entrenador y formador de arqueros. El más destacado que tuvo a su cargo fue Camilo Vargas, hoy arquero del Atlas de México y de la Selección Colombia.

La “liguilla” que le dio a Santa Fe un cupo a la Copa Conmebol

En 1996, el fútbol colombiano otorgó un “premio consolación” a los equipos eliminados de las fases finales. Santa Fe, guiado por el Tren Valencia, lo disputó hasta la última fecha con Envigado.

Por Camilo Rueda Navarro

Para la temporada 1995-1996, una de las invenciones de la dirigencia del fútbol colombiano fue una “liguilla” que otorgaba un pasaje a la Copa Conmebol, aquel torneo que se realizó en la década de 1990 con clubes de todo el continente en un formato de eliminación directa.

De esta forma, Colombia asignó uno de sus dos cupos al ganador de esa “liguilla”, disputada entre los ocho equipos del torneo que no accedieron a los cuadrangulares semifinales. Los equipos ubicados entre las posiciones 9 y 16 fueron ubicados en los grupos C y D para competir por un tiquete a la Conmebol. Se jugarían dos rondas (ida y vuelta) con clasificación para los dos primeros de cada grupo, quienes jugarían un nuevo cuadrangular para definir al ganador de aquel premio de consolación.

Independiente Santa Fe venía de una crisis económica y deportiva que lo llevó a pelear por la permanencia en las temporadas ‘93 y ‘94. En la fase regular, se ubicó en el puesto 15, sin ningún chance de pelear el título pero con la motivación de volver a un torneo continental luego de 16 años de ausencia, gracias al formato aprobado por la Dimayor para ese año.

El Expreso Rojo quedó ubicado en el grupo C, con Envigado, Pereira y Quindío. Con 9 puntos, accedió al cuadrangular definitivo junto a Envigado, con quien a la postre dirimiría la clasificación. Por el grupo D, clasificaron Tuluá y Medellín.

En el cuadrangular final de la liguilla, Santa Fe cosechó las tres victorias de local, un triunfo a domicilio ante Medellín y un empate en Tuluá. Llegó a la última fecha como líder con dos puntos más que su rival, Envigado, obligado a ganar ese 30 de junio en el Polideportivo Sur. Con un empate 1-1, Santa Fe refrendó su clasificación a la Copa Conmebol 1996, que sería su primera actuación internacional desde la Libertadores del 80.

La tabla de posiciones quedó de la siguiente forma:

Santa Fe 14 puntos
Envigado 12
Tuluá 6
Medellín 1

“El equipo solo demostró lo que sobre el papel se sabía: que era más que todos sus rivales y que de la mano de un fuera de serie cono El Tren Valencia podía dar algo más”, analizaron desde la redacción deportiva de El Tiempo.

“Desde 1975, cuando el elenco rojo conquistó su sexta corona nacional y los azules, el subtítulo, los equipos de la capital de la República no accedían a torneos internacionales en forma simultánea”, agregó ese diario, pues el rival de plaza clasificó, a su vez, a la Copa Libertadores subsiguiente.

La figura de la campaña fue Adolfo “Tren” Valencia (quien regresaba a Colombia desde el Atlético de Madrid), que estuvo acompañado de jugadores como Nelson Flórez, John “Matías” Mejía, Gustavo Díaz, Wilson Gutiérrez, Grígori Méndez y Giovanni Mateus. También iniciaba su carrera en el club Léider Preciado, promovido desde las divisiones inferiores. Dirigía Pablo Centrone, entrenador argentino recién llegado al banco cardenal y quien llevó al León al subcampeonato de la Conmebol tras el Lanús.

Gol cien en un clásico: Léider, Omar y las Leonas

Léider Preciado, Omar Pérez y Santa Fe femenino comparten el haber anotado el centenar de goles oficiales en un clásico bogotano.

La paraguaya Fany Gauto anotó el gol número 100 de la historia del conjunto femenino de Independiente Santa Fe. Ocurrió durante el clásico bogotano válido por la fecha 2 del torneo 2020. La volante de las Leonas abrió el marcador del partido, disputado el 21 de octubre en el municipio de Mosquera, que terminó 3-2 para Santa Fe.

De esta forma, las Leonas se suman a Léider Preciado y a Omar Pérez en haber anotado el gol 100 de sus carreras a Millonarios.

El de Léider se registró el 22 de agosto del 2004. Preciado llegó al clásico capitalino con 98 goles en su carrera. Con una tripleta, superó los cien goles oficiales. A la postre se convertiría en el mayor goleador del clásico bogotano, con 15 tantos.

Omar convirtió su centenar de goles oficiales el 31 de agosto del 2014, en partido que culminó 1-0 para el Expreso Rojo.

Y las Leonas, en su cuarta temporada de profesionalismo, completaron su centenar de goles ante el mismo rival, gracias el tanto de Gauto, de tiro penal.

Santa Fe 1998: cuando El Campín fue un fortín imbatible

En la temporada 1998, Independiente Santa Fe logra su mejor invicto en condición de local, con 30 fechas. El Once Caldas, el último que lo había derrotado, curiosamente fue el que acabó con la marca.

Foto: @AgustinJulioC

 

Por Camilo Rueda Navarro

El campeonato de 1998 llegó para la familia santafereña con la renovada esperanza de conseguir una nueva estrella, tras la sequía iniciada desde 1975. A la dirección técnica había arribado el yugoslavo Slodovan Zecevich, “Zeca”, que renovó su estilo de juego con un fútbol dinámico, versátil, y en el que resultó fundamental el rendimiento como local.

Santa Fe arrancó temporada con una marca de cuatro fechas sin caer en casa. Sumaba dos triunfos (ante Medellín y Bucaramanga) y dos empates (de nuevo Medellín y Cali). La última caída había sido el 28 de septiembre de 1997 ante Once Caldas.

Aunque Wilson Cano era la principal carta en el ataque, una lesión lo relegó en las primeras fechas, lo que desencadenó la titularidad para un joven tumaqueño que trascendería en la historia de Santa Fe: Léider Calimenio Preciado Guerrero, a la postre el segundo goleador histórico del club.

 

En el primer semestre, como local, Santa Fe venció a: Unicosta, Bucaramanga, Nacional, Quindío, Huila, Tolima y Millonarios. Y cedió empates ante Tolima, Caldas, América y Unión Magdalena.

Preciado se convirtió en la figura del ataque cardenal, con 15 anotaciones. Su rendimiento llevó a que su nombre fuera considerado para la Selección Colombia. Un doblete ante Chile en Santiago le dieron los pasajes al Mundial Francia ’98 (en el que anotó el único tanto tricolor), y una precoz transferencia al fútbol europeo, pues fue contratado por el Racing de Santander de la Liga Española.

Para el segundo semestre, sin Preciado en el ataque, se menguó el rendimiento del club. En esta etapa obtuvo siete triunfos (Medellín, Cali, Envigado, Junior x2, Tuluá, Unión Magdalena) y siete igualdades (Millonarios x2, Huila, Quindío, Envigado, Cali y Caldas).

Culminada la fase regular, Santa Fe clasificó a los cuadrangulares semifinales con apenas lo justo, en la octava casilla. Compartió grupo con la revelación del torneo: el Once Caldas, que a la postre ganó el paso a la final (en la que cayó ante Deportivo Cali).

En los cuadrangulares, venció a Deportes Quindío en la primera fecha, para luego, el 2 de diciembre de 1998, caer 1-2 ante Once Caldas, su último verdugo como local, que le cortó el invicto en esa condición, acumulado en 30 fechas, el más largo de su historia. Ya eliminado de toda posibilidad de clasificación, en su despedida en El Campín perdió 2-3 ante Medellín, que le remontó un 2-0 en el último tramo del partido.

 

Aunque no logró mantener un buen rendimiento a lo largo del año, el equipo de Zeka dejó una grata impresión, en el que, además de Léider, se destacaron jugadores como David “Cachaza” Hernández, Agustín Julio, Iván López y Pedro “Pepe” Portocarrero, que serían la base de las siguientes temporadas. Y marcó este récord de 30 fechas sin caer en El Campín, su mayor invicto local hasta el momento.

Clásico bogotano a puerta cerrada

El primer clásico capitalino sin público se disputó el 1ro. de octubre del 2005, debido a la sanción interpuesta a Millonarios por comportamiento violento de sus aficionados. Santa Fe ganó 3-1.

En el 2005 se disputó el primer clásico bogotano a puerta cerrada. En el torneo finalización de ese año, Millonarios fue sancionado por las autoridades por comportamiento violento de su afición. El club azul, quien oficiaba de local, fue penalizado con disputar sin público el encuentro ante su rival de plaza.

El partido se jugó el primero de octubre y el Expreso Rojo se impuso por marcador de 3-1, con goles de Luis Yánez, Jairo Suárez y Nelson Olveira (de penal). Neco Martínez atajó penal.

Formaciones:

Millonarios: Juan Francisco Irigoyen; Omar Rodríguez, Jaime Bustamante, Nicolás García (sub 20), Gustavo Victoria; Diego Córdoba, Bonner Mosquera; Harry Castillo, Sebastián Hernández, Gabriel Fernández; y Martín García. D.T.: Fernando ‘Pecoso’ Castro.

Independiente Santa Fe: Luís Enrique Martínez; Pablo Pachón, Nelson Olveira, Francisco Nájera, Francisco Delgado; Juan Carlos Ramírez, Carlos Ortiz, Jairo Suárez (sub 20), Daniel Gamarra; Luís Yanes y Mario Alejandro Benítez. D.T.: Germán ‘Basílico’ González.

Un gol de Pandolfi, el mejor de los relatos de Pastor Londoño

El famoso gol de oro de Santa Fe al América es una de las mejores narraciones deportivas de Pastor Londoño, histórico de la radio colombiana.

Fue en una tarde lluviosa en Bogotá, la del 7 de noviembre de 1977. En el estadio El Campín, abarrotado de público pese al aguacero, Santa Fe se jugaba su clasificación ante el América de Cali en la última fecha del torneo regular.

A falta de siete minutos para el final, América ganaba 2-1 y la ilusión de clasificar se desvanecía. El León logró empatar, pero necesitaba la victoria para acceder a las finales.

Ya en el tiempo de adición llegó el milagro: Recúpero tomó un balón en mitad de la cancha y puso un centro en el área. Allí “apareció el goleador e ídolo argentino Carlos Alberto Pandolfi con un particular salto”, recuerda el locutor Rubén Darío Arcila.

“El impacto de cabeza superó al arquero y el balón entró llovido lentamente. Estalló la ciudad y el canto del gol fue atronador en la voz de Pastor. Se inflaron los globos de seda de todos los paraguas y aquella garganta privilegiada quedaría eternamente grabada en el alma de los bogotanos”, atestigua.

Es uno de los relatos más famosos de Pastor Londoño Pasos, quien llamó “Gol de oro” al crucial tanto de Pandolfi. Otros lo recuerdan como “el gol del minuto de Dios”. El propio Pandolfi lo exalta como uno de los mejores recuerdos de su carrera.

Pastor Londoño -figura de la radio fallecido a los 93 años- lo recordó como “el mejor gol de sus históricos relatos”, según consigna su colega Arcila.

Londoño ocupó varios roles en la radio, pero fue la narración deportiva “la que más alegrías le trajo, la que le permitió marcar una época, la que lo convirtió en uno de los históricos de los medios de comunicación”, explica, por su parte, el periodista José Orlando Ascencio.

Entre sus narraciones se encuentran carreras ciclísticas, la Copa América de 1975 y el fútbol profesional colombiano.

Adiós a Alfonso Sepúlveda, el símbolo de la cantera de Santa Fe

El DT formador de la mayoría de las figuras de las divisiones menores del club murió a los 85 años.

Foto: independientesantafe.com

Por José Orlando Ascencio
El Tiempo

El ojo de Alfonso Sepúlveda le dio a Santa Fe prácticamente a todas las figuras surgidas de su cantera, desde Alfonso Cañón, el jugador más importante de su historia junto a Omar Pérez, hasta los que acaban de aparecer en el profesionalismo. Don Alfonso, uno de los grandes formadores del fútbol colombiano, falleció este lunes, a los 85 años.

Fueron más de 50 años de trabajo en la base santafereña, inculcando los valores de entrega y garra que caracterizaron siempre al club. La lista de figuras que pasaron por sus manos fue enorme: Carlos ‘Copetín’ Aponte, Alonso ‘Cachaco’ Rodríguez, Freddy Rincón, Adolfo Valencia…

Se vinculó a Santa Fe en 1959. “En ese tiempo me rompí la tibia y el peroné jugando, no había tanto adelanto en la medicina deportiva y me tuve que retirar. Aún enyesado me dieron el primer grupito infantil para dirigir en el club”, le dijo Sepúlveda al diario Mío en 2012.

Sepúlveda tenía que trabajar mucho en ese entonces para hacer que el jugador que llegaba a Santa Fe se concientizara de que podía ser profesional. Dos de las grandes figuras ‘cardenales’ de la historia pasaron por sus grupos.

“Yo tuve cantidad de jugadores. Me acuerdo que a Alfonso Cañón y a Ernesto Díaz nos tocaba cuidarlos por tanta piratería que había en ese entonces. Todo el mundo quería llevarlos a jugar a Fontibón, al Samper Mendoza y a toda parte”, recordó en su momento. Se puede decir, entonces, que el primer jugador colombiano exportado a Europa, Díaz, se fue con su sello.

Era tan bueno su trabajo que incluso, alguna vez, llegó un equipo y se lo llevó un grupo completo.

Sepúlveda, además, fundó una empresa que muchos futbolistas bogotanos tienen presente, Guayos As, símbolo del deporte aficionado en la capital, pero que incluso llegó a vestir al plantel profesional de Santa Fe en 1991, antes de las épocas de los millones y millones por patrocinios de indumentaria deportiva.

“Se nos fue el más grande referente de Santa Fe y del fútbol bogotano. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo sabemos de su virtud no solo para desarrollar el talento de tantos jugadores, sino la manera como utilizó el fútbol para aportar hombres de bien a nuestra sociedad. Profundo pesar y eterna gratitud”, declaró a El Tiempo Arturo Boyacá, quien fue jugador suyo y en sus etapas como técnico lo acercó siempre como asesor al plantel profesional.

Su relación con Santa Fe se acabó el año pasado. Los últimos frutos de su trabajo en el plantel profesional son Edwin Herrera, que estuvo en el Preolímpico de este año con la Selección Colombia, y Juan Sebastián Pedroza. No pisó una cancha como jugador del club, pero es un símbolo ‘cardenal’. Paz en su tumba.