Vinieron de Argentina para la vuelta volver a dar

El argentino Julio Tocker fue el encargado de dirigir a Santa Fe en 1958. Con Juan José Ferraro y otros compatriotas suyos que llegaron como refuerzo, logró la segunda estrella cardenal

vuelta olimpica 58

Por Camilo Rueda Navarro

A finales de la década de 1950 la mayoría de equipos del fútbol colombiano vivieron dificultades económicas que en algunos casos los llevó a la liquidación o al retiro temporal del torneo.

Otros, como Nacional y Medellín, experimentaron una especie de “fusión” y conformaron un solo equipo: el Independiente Nacional, que representó a la capital antioqueña en el torneo de 1958.

Habían pasado diez años desde el primer campeonato de Santa Fe. Un argentino, Julio Tocker, fue el encargado de asumir las riendas del equipo, que no volvía a los lugares de honor desde su primera estrella, ganada en 1948.

julio tockerJulio Tocker, campeón con Santa Fe en 1958 y 1960

Para reforzar al club se contrató además a Juan José Ferraro, figura del fútbol argentino con el Vélez Sarsfield y el Boca Juniors. También arribaron a Santa Fe otros gauchos que ya jugaban en Colombia, como José Vicente Grecco, procedente del Medellín; y Juan Carlos Pellegrino, del Cúcuta Deportivo.

En cuatro ruedas

Luego del retiro de varios clubes, sólo quedaron diez equipos en contienda, por lo que el sistema de campeonato se amplió a cuatro ruedas, en un total de 36 fechas.

Los equipos capitalinos tuvieron el protagonismo todo el torneo y llegaron a la última jornada, el 21 de diciembre, empatados en 46 puntos.

Millonarios visitó a Cúcuta. Aunque los azules ganaban 2-0 hasta los 33 minutos del segundo tiempo, el equipo motilón logró empatar 2-2. Con ese resultado, y un triunfo 2-0 ante Deportivo Manizales en El Campín, Santa Fe dio la vuelta olímpica y recibió su segunda estrella.

Al final, el Expreso Rojo encabezó la tabla con 48 puntos, producto de 17 triunfos, 14 empates y 5 derrotas. Millonarios fue el subcampeón con un punto menos.

El goleador del conjunto cardenal fue Grecco, con 26 tantos en 34 partidos, mientras que Ferraro consiguió 19 anotaciones en 32 compromisos.

Al finalizar el torneo, Ferraro (con 35 años) se retiró como jugador y relevó a Tocker en la dirección técnica de Santa Fe. En 1960, Tocker regresaría al banco cardenal y volvería a ser campeón.

El segundo título albirrojo inauguró además una etapa de predominio del fútbol bogotano, pues en nueve torneos disputados a partir de ese año, ocho se quedaron en la capital.

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Santa Fe campeón, por octava ocasión

El poeta Federico Díaz Granados escribe un texto sobre cómo el Independiente Santa Fe se consagró campeón del futbol colombiano

santa fe poesia

Por Federico Díaz Granados

Cuando Luis Sánchez dio el pitazo final, el grito acumulado y contenido explotó. Fue la ratificación de todos aquellos años condensados en un solo segundo como una instantánea de asombros y recuerdos. En ese soplo del tiempo regresaron a mi memoria tantas tardes y tantas noches de frustraciones y pequeñas alegrías, temporadas de inmensas ilusiones y sueños intactos, campañas perdidas y torneos fracasados. Atrás quedaban, de una vez y para siempre, las cábalas y los talismanes desacertados. Por fin volvíamos a ser campeones, a la justa medida de nuestras nostalgias y dichas.

Esta noche todo volvió a tener sentido, como aquel domingo 15 de julio de 2012 cuando celebramos la séptima estrella después de 36 años, 6 meses y 24 días. Volví a entender el signo de las adversidades: las salidas cabizbajos de oriental, el dolor de una jornada perdida, las dichas efímeras en algunos clásicos (el 3-2 en el 84 con un gol de Carpene de 40 metros, el 3-2 cuatro años después y ese golazo de Morresi, el 7-3 del 92), el botín de oro de “Checho” Angulo en el 88, la zurda del “Pollo Díaz”, Las Copas Colombia del 89 y 2009, Gotardi, las temporadas 87 y 88 y por supuesto el gol de Copete al Deportivo Pasto en 2012. Nunca olvidamos la promesa: volveremos volveremos… Las cosas no resultan como las planeamos. Hubiera preferido no esperar tanto, pero valió la pena. Fue maravilloso llegar hasta acá así, porque aguardamos y eso templó el carácter, la paciencia y nos dejó lecciones básicas para la vida. Todo el tiempo de las derrotas pasó en un latido “Nosotros los de entonces ya no somos los mismos” diría Neruda pero ese estadio, esa tribuna y ese cántico aún nos llena de ilusión y sueños.

“Santa Fe campeón” es música y poesía para toda una hinchada acostumbrada al fracaso y la derrota. Es una nueva banda sonora para la vida. No sé, ni me importa, si Santa Fe volverá a ser campeón. Pero hoy la vida volvió a saldar esta vieja deuda. Y volveremos a llorar y a soñar en tardes soleadas y noches lluviosas en el estadio. Otros se especializan en ganar campeonatos. Santa Fe justifica el corazón y la pasión porque no es un equipo diseñado para dar vueltas olímpicas sino para despertar el fervor de una hinchada.

Ahora es tiempo de festejo, de vuelta olímpica, de confetis y papelitos en el aire. Es tiempo de gratitudes para unos nombres y un director técnico que desde hoy harán parte de una mitología de afectos y certezas. Esos nombres se repetirán miles de veces y se convertirán en un santo y seña de la alegría y de este instante de gloria.

Recordarán la Colombia de estos días, convulsa y contradictoria, Hablarán que fue el año de la reconciliación entre Cuba y Estados Unidos. Fue el año en el que nos abandonaron Juan Gelman, José Emilio Pacheco y el padre de Macondo: Gabriel García Márquez. 2014 permitió que Gustavo Cerati se entregara al sueño eterno, entre otros. Pero fue el año en que una noche en “El Campín” todo tuvo otro matiz y otro color. No importa: supimos esperar para que por fin, al día siguiente nos aplaudieran al llegar a las oficinas o nos llamaran los viejos compañeros de la escuela, como en aquel cuento de Mempo Giardinelli que me recuerda por un solo instante, la noche en que el mundo entero se llamó Independiente Santa Fe.

*Publicado originalmente en circulodepoesia.com

La cuarta estrella se aseguró ante Medellín

Con un heroico empate a cuatro goles ante el DIM, Independiente Santa Fe mantuvo el liderato del campeonato de 1966 y a la postre consiguió su cuarto título.

santa fe 66

Por Camilo Rueda Navarro

Con un gol en el minuto 40 del segundo tiempo, Santa Fe logró un “empate extraordinario” que permitió conservar la distancia ante el Independiente Medellín en la tabla de posiciones. Fue el 20 de noviembre de 1966 en Bogotá, cuando a falta de seis fechas se enfrentaron el líder, Santa Fe, y su inmediato perseguidor.

El primer tiempo había terminado 3-0 para el “Poderoso” Medellín y el partido parecía liquidado. Sin embargo, los cardenales no bajaron los brazos y salieron con todo al tiempo complementario. En apenas diez minutos descontaron 3-2.

El partido se puso parejo. Faltaban 15 minutos para el final y el juego se había puesto 4-2. Con goles de Carlos Franca y de Waltinho, el Expreso Rojo mostró que tenía temple para ser campeón e igualó el compromiso.

Santa Fe vivía una crisis de resultados pues llevaba cuatro fechas sin ganar. No obstante, ningún otro equipo lo había alcanzado y ante el DIM, segundo de la tabla, debía mantenerse al frente para seguir con la primera opción de título.

Con el agónico empate, Santa Fe mantuvo la diferencia y continuó en el liderato a pesar de los posteriores empates ante Pereira (2-2) y Cúcuta (2-2). Con victorias ante Millonarios (1-0) y Magdalena (2-1), el León se hizo inalcanzable. El título se selló con un empate sin goles ante América en Cali.

El Expreso Rojo, además, se mantuvo invicto en los cuatro juegos disputados ante Medellín: en el Atanasio Girardot empató 2-2 y ganó 3-2, mientras que en El Campín venció 3-1 e igualó 4-4 en aquel partido memorable.

Devanni, goleador y figura

Santa Fe obtuvo así su cuarta estrella con 66 puntos en 52 partidos, tres más que el subcampeón Medellín. El goleador del torneo fue el argentino Omar Lorenzo Devanni, que con la camiseta albirroja marcó 31 tantos en 48 juegos disputados. El gaucho fue, sin duda, el jugador más importante de la temporada.

devanni gol

Otros jugadores destacados fueron Delio “Maravilla” Gamboa y Alfonso Cañón, con quienes no se contó en toda la temporada pues fueron convocados por la Selección Colombia, que se preparaba para la Copa América. La dirección técnica estuvo a cargo de Gabriel Ochoa Uribe.

Con la estrella, Santa Fe accedió a la Copa Libertadores del año siguiente, en donde fue ubicado en el grupo 2, junto con Medellín, los equipos argentinos (Racing y River Plate) y los bolivianos (Bolívar y 31 de Octubre).

Ser santafereño

El santafereño no se rinde. Y si tiene que caer, lo hará de pie y con las botas puestas.

pandolfi

Por Víctor Diusabá Rojas

Ser santafereño es trabajar duro. Es levantarse de primero y acostarse de último, con la convicción plena e inclaudicable de que lo mejor está por llegar.

Ser santafereño es creer que la victoria siempre es posible, aún en las condiciones más adversas. El santafereño no se rinde. Y si tiene que caer, lo hará de pie y con las botas puestas. El 25 de noviembre de 1960, perdíamos de visitantes cuatro a cero contra el Deportivo Pereira. Quedaban apenas 24 minutos para el final. Uno, dos, tres y cuatro. Empatamos y por poco ganamos. El León jamás se entrega.

Ser santafereño es llevar con orgullo en el costado izquierdo, a la altura del pecho, la insignia que encierra una historia única e irrepetible: somos el primer campeón del fútbol colombiano. Jamás habrá otro.

Ser santafereño es identificarse con una ciudad que nos vio nacer y a la que le debemos todo. Honrosos, nadie tiene tanto derecho como nosotros para llevar y ondear su nombre. Santa Fe es Bogotá y Bogotá es Santa Fe.

Ser santafereño es amar nuestra historia. Es sentirnos dignos herederos de los campeones. De aquellos que dieron las seis primeras vueltas olímpicas en 1948, 1958, 1960, 1966, 1971 y 1975, y la séptima en 2012.

Ser santafereño es sentirse orgulloso contemporáneo de quienes nos darán las estrellas que están por llegar. Es empujar el carro en donde ahora marcha esa gloria que va a volver a Santa Fe.

Ser santafereño es, allá abajo en la cancha, correr y meter, mucho más de lo que los demás conocen como correr y meter. El santafereño no tiene límite. El santafereño sólo tiene horizonte.

Ser santafereño es, allá arriba en la tribuna, alentar y alentar, sin parar de alentar. Antes que ir a ganar, el santafereño va al estadio a algo mucho más importante: va a comulgar con su gente, con sus trapos, con el rojo de toda la vida.

Ser santafereño es estar en todas. Que siempre serán las buenas, porque nadie ha podido ni podrá apagar la llama eterna de nuestra ilusión.

Ser santafereño es no dar la espalda cuando hay que echar una mano. Igual, en la cancha o detrás del alambrado.

Ser santafereño es sentir que el corazón se apura cuando ruedan tantos y tantos nombres ilustres que han tallado en nuestro firmamento sus epopeyas. Por ellos somos grandes.

Ser santafereño es hacer del gol un monumento irrepetible. Es abrazarse con ese otro y con el de más allá. Es hacer una cadena interminable que le da la vuelta a El Campín y alcanza todos los rincones en donde haya un santafereño. Para juntarnos y cantar lo que cantamos todos: ¡Gol de Santa Fe!

Ser santafereño es vivir cada minuto, no sólo como si fuera el último sino como el mejor de todos los minutos.

Ser santafereño es hacer del fútbol una fiesta. Y mejor si es el equipo el que pone la música.

Ser santafereño es hacer del domingo el día de la creación. Para gritar, para empujar, para dejarlo todo y un poco más. Ser santafereño es sentir que se va al frente con un grito que es una sola voz:

¡¡¡¡VAMOS, VAMOS, VAMOS SANTA FE…!!!
¡¡¡¡VAMOS, VAMOS, VAMOS SANTA FE…!!!!
¡¡¡¡VAMOOOOOOOS, SANTA FEEEEE!!!!!