Ser santafereño

El santafereño no se rinde. Y si tiene que caer, lo hará de pie y con las botas puestas.

pandolfi

Por Víctor Diusabá Rojas

Ser santafereño es trabajar duro. Es levantarse de primero y acostarse de último, con la convicción plena e inclaudicable de que lo mejor está por llegar.

Ser santafereño es creer que la victoria siempre es posible, aún en las condiciones más adversas. El santafereño no se rinde. Y si tiene que caer, lo hará de pie y con las botas puestas. El 25 de noviembre de 1960, perdíamos de visitantes cuatro a cero contra el Deportivo Pereira. Quedaban apenas 24 minutos para el final. Uno, dos, tres y cuatro. Empatamos y por poco ganamos. El León jamás se entrega.

Ser santafereño es llevar con orgullo en el costado izquierdo, a la altura del pecho, la insignia que encierra una historia única e irrepetible: somos el primer campeón del fútbol colombiano. Jamás habrá otro.

Ser santafereño es identificarse con una ciudad que nos vio nacer y a la que le debemos todo. Honrosos, nadie tiene tanto derecho como nosotros para llevar y ondear su nombre. Santa Fe es Bogotá y Bogotá es Santa Fe.

Ser santafereño es amar nuestra historia. Es sentirnos dignos herederos de los campeones. De aquellos que dieron las seis primeras vueltas olímpicas en 1948, 1958, 1960, 1966, 1971 y 1975, y la séptima en 2012.

Ser santafereño es sentirse orgulloso contemporáneo de quienes nos darán las estrellas que están por llegar. Es empujar el carro en donde ahora marcha esa gloria que va a volver a Santa Fe.

Ser santafereño es, allá abajo en la cancha, correr y meter, mucho más de lo que los demás conocen como correr y meter. El santafereño no tiene límite. El santafereño sólo tiene horizonte.

Ser santafereño es, allá arriba en la tribuna, alentar y alentar, sin parar de alentar. Antes que ir a ganar, el santafereño va al estadio a algo mucho más importante: va a comulgar con su gente, con sus trapos, con el rojo de toda la vida.

Ser santafereño es estar en todas. Que siempre serán las buenas, porque nadie ha podido ni podrá apagar la llama eterna de nuestra ilusión.

Ser santafereño es no dar la espalda cuando hay que echar una mano. Igual, en la cancha o detrás del alambrado.

Ser santafereño es sentir que el corazón se apura cuando ruedan tantos y tantos nombres ilustres que han tallado en nuestro firmamento sus epopeyas. Por ellos somos grandes.

Ser santafereño es hacer del gol un monumento irrepetible. Es abrazarse con ese otro y con el de más allá. Es hacer una cadena interminable que le da la vuelta a El Campín y alcanza todos los rincones en donde haya un santafereño. Para juntarnos y cantar lo que cantamos todos: ¡Gol de Santa Fe!

Ser santafereño es vivir cada minuto, no sólo como si fuera el último sino como el mejor de todos los minutos.

Ser santafereño es hacer del fútbol una fiesta. Y mejor si es el equipo el que pone la música.

Ser santafereño es hacer del domingo el día de la creación. Para gritar, para empujar, para dejarlo todo y un poco más. Ser santafereño es sentir que se va al frente con un grito que es una sola voz:

¡¡¡¡VAMOS, VAMOS, VAMOS SANTA FE…!!!
¡¡¡¡VAMOS, VAMOS, VAMOS SANTA FE…!!!!
¡¡¡¡VAMOOOOOOOS, SANTA FEEEEE!!!!!

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