La octava maravilla

El hincha de Santa Fe que ama su historia y que se enorgullece de su equipo, tiene que leer el libro “La octava maravilla”, de Carlos Eduardo González

la octava maravilla portada

Por Nicolás Samper

Alguna vez conté que el Santa Fe que, futbolísticamente hablando, me llenó los ojos fue el de 1988. Lo dirigía Diego Umaña. Lamento mucho que el hincha santafereño mucho más joven que yo no lo alcanzara a ver. Es de esos equipos –como el Cali del 85-86– que mereció ganar un campeonato y que no lo pudo hacer por tantas circunstancias que hicieron que nuestro fútbol fuera tan cuestionado en los ochenta.

Pero no se quedó con las manos vacías: obtuvo la Copa Colombia de 1989, un premio que no dejó estéril a la generación de ‘Checho’ Angulo, Rincón, Balbis, ‘Pollo’ Díaz, Niño y compañía. Gracias al libro La octava maravilla, de Carlos Eduardo González, recordé entonces que ese grupo finalmente sí consiguió dar una merecida vuelta olímpica.

El hincha de Santa Fe que ama su55 historia y que se enorgullece de su equipo, tiene que leer este libro. Porque el énfasis del texto es justamente recordar las páginas alegres, las que de la mano del primer equipo campeón en 1948 empezaron a construir, peldaño a peldaño, una pasión que hoy más que nunca continúa viva.

Hay historias imperdibles, como la importancia de la esposa de ‘Pancho’ Hormazábal en el equipo de 1975, el que logró la sexta estrella, cuento contado además por Juan Carlos Sarnari y Luis Gerónimo López, así como aquella reunión de ese mismo plantel en la que ni siquiera le permitieron entrar al entrenador para zanjar diferencias de grupo.

Y claro, hay registro de partidos que en la mente del aficionado pueden refundirse con facilidad, como aquellos enfrentamientos ante Borussia Dortmund y Bayern Múnich. O aquella vez que Santa Fe se dio el lujo de vencer a Hungría en 1950. Poco tiempo después los húngaros se convertirían en la mejor selección del mundo, solamente frustrada por su dolorosa derrota en la final del Mundial de 1954. No se queda atrás el famoso Santa Fe-Santos que reunió, cara a cara, a los dos Pelé: el blanco, Sekularac, y el negro, Edson Arantes do Nascimento, en la grama del estadio El Campín.

En tiempos de vacas gordas triunfales –lo que jugó Santa Fe frente a Colo-Colo, es ejemplo de esto– es bueno evocar a través de este libro a los que antes sembraron su propia semilla de gloria, esa que sigue viva en el sentimiento rojo.

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