Omar Pérez: ¿El mejor de la historia?

El argentino ha hecho méritos para disputarle a Alfonso Cañón el honor de ser el jugador cardenal más importante de todos los tiempos

omar y cañon

Por Luis Guillermo Ordóñez Olano

Sería injusto hacer una encuesta para determinar quién es el mejor jugador de la historia de Independiente Santa Fe, porque probablemente la mayoría de los hinchas cardenales votaría hoy por el argentino Omar Sebastián Pérez, el gran artífice del lustro más exitoso del club albirrojo, fundado el 28 de febrero de 1941.

Porque antes de él muchos supercracks defendieron la camiseta del primer campeón de Colombia y dejaron en las canchas su sello de calidad. El más importante de todos fue Alfonso Cañón, el mayor descubrimiento del cazatalentos Alfonso Sepúlveda, quien convenció al presidente Gonzalo Rueda Caro para que le diera la oportunidad en el equipo profesional a este volante y delantero de apenas 1,60 metros de estatura que comenzó a jugar fútbol en el tradicional barrio Samper Mendoza, en el centro de Bogotá.

En 504 partidos Cañón marcó 146 goles y conquistó tres títulos, los de las ligas de 1966, 1971 y 1975, razones más que suficientes para que la junta directiva actual, encabezada por César Pastrana, le haya otorgado hace poco más de un mes una pensión vitalicia como reconocimiento a los servicios que prestó a la institución.

Con estadísticas menos brillantes que las de “El Maestrico”, otros grandes futbolistas se metieron en el corazón de la afición santafereña: el arquero Julio Chonto Gaviria, héroe de la primera estrella, en 1948; los delanteros argentinos Oswaldo Panzutto y Alberto Perazzo, goleadores de la conquista de 1958; Ricardo Pegnoti, figura entre 1961 y 1964; Víctor Campás, destacado en 1971; Ernesto Díaz y Carlos Alberto Pandolfi, artilleros de 1975; además de los tres ídolos de las décadas en las que el equipo no logró campeonatos, Hugo Ernesto Gottardi, Adolfo El Tren Valencia y Léider Calimenio Preciado.

Los hinchas más veteranos recordarán también a Hermenegildo Germán Antón, “Cabecita de Oro”, a Ángel Perucca, Carlos Arango, Carlitos Rodríguez, Héctor “Zipa” González, Carlos Copetín Aponte, Delio Maravilla Gamboa, Ómar Lorenzo Devani, Pedro Prospitti, René Pontoni, Wálter Sossa, Waltinho, Dragoslav Sekularac, Miguel Ángel Basílico, Luis Gerónimo López y Juan Carlos Sarnari, mientras que las nuevas generaciones preferirán a Freddy Rincón, Wílmer Cabrera, Agustín Julio, Camilo Vargas, Luis Carlos Arias o Daniel Torres.

Pero por importantes que hayan sido, ninguno, excepto Cañón, por supuesto, ha tenido la trascendencia de Omar Sebastián Pérez, quien llegó al club en 2009 y se convirtió en la piedra angular sobre la que se edificó el nuevo Santa Fe.

De la mano del 10, los cardenales conquistaron la Copa Colombia en 2009, las ligas de 2012-I y 2014-II, además de las Superligas de 2012 y 2014. Llegaron a semifinales de una Copa Libertadores y a cuartos de final de la Sudamericana, logros deportivos que respaldaron la gestión administrativa y generaron la bonanza económica que sacó al club de la quiebra y le devolvió, además de la solidez financiera, el prestigio y el respeto que parecía haber perdido décadas atrás.

Omar Pérez ha jugado 254 partidos oficiales con la camiseta albirroja y ha marcado 73 goles, el más reciente el miércoles pasado en la victoria 3-0 ante Colo-Colo de Chile, por la fase de grupos de la Copa Libertadores de América, un torneo con el que los dirigidos por Gustavo Costas quieren cerrar un ciclo glorioso.

El próximo miércoles, en el estadio El Campín, ante el Atlas de México, Santa Fe deberá ratificar su clasificación a la siguiente fase del torneo continental, cuyo título no parece una utopía tras la brillante demostración de fútbol que hizo en Santiago. “Nuestra idea es ir avanzando paso a paso con la convicción de que tenemos un gran equipo y un excelente grupo humano. Vamos por más”, señaló Pérez después del mejor partido que ha jugado el equipo en muchos años.

El máximo ídolo cardenal, poco amante de las cámaras y de las manifestaciones hacia los hinchas, pues prefiere mostrarles su agradecimiento en la cancha, admite que está muy a gusto en Bogotá y que espera quedarse muchos años en el club.

Sabe que su liderazgo y estilo de juego son fundamentales para el equipo y por eso se cuida físicamente, pues lleva varios años con una lesión de rodilla que lo obliga a hacer terapias y regular las cargas de trabajo.

Aun así, aparece en los momentos claves y marca diferencia. Por eso no es descabellado compararlo con el maestro Cañón e incluso plantear la pregunta de quién ha sido el mejor jugador de la rica historia cardenal.

*Publicado originalmente en el diario El Espectador

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El gol de su vida fue el gol que no hizo

Por Eduardo Galeano

Aquella no era una tarde de un domingo cualquiera del año 1967.

Era una tarde de clásico. El club Santa Fe jugaba contra el Millonarios, y toda la ciudad de Bogotá estaba en las tribunas del estadio. Fuera del estadio, no había nadie que no fuera paralítico o ciego.

Ya parecía que el partido iba a terminar en empate, cuando Omar Lorenzo Devanni, el goleador del Santa Fe, el artillero, cayó en el área. El árbitro pitó penal.

devanni afiche

Devanni quedó perplejo: aquello era un error, nadie lo había tocado, él había caído por un tropezón. Quiso decírselo al árbitro, pero los jugadores del Santa Fe lo levantaron y lo llevaron en andas hasta el punto blanco de la ejecución. No había marcha atrás: el estadio rugía, se venía abajo.

Entre los tres palos, palos de horca, el arquero aguardaba.

Y entonces Devanni colocó la pelota sobre el punto blanco.

Él supo muy bien lo que iba a hacer, y el precio que iba a pagar por hacer lo que iba a hacer. Eligió su ruina, eligió su gloria: tomó impulso y con todas sus fuerzas disparó muy afuera, bien lejos del gol.

Gaitán, el bogotazo y el primer campeón

Independiente Santa Fe, el primer campeón del fútbol colombiano, fue fundado en 1941 en un momento de confusión política y transformaciones sociales que el país nunca había visto. En 1948 ganó el primer torneo nacional. La otra historia detrás de esa estrella.

El caudillo popular Jorge Elíécer Gaitán

El caudillo popular Jorge Elíécer Gaitán

Por Alejandro Pino Calad

“Ultimas noticias con ustedes. Los conservadores y el gobierno de Ospina Pérez acaban de asesinar a Gaitán…” Radio Nacional, 9 de abril de 1948 [1]. En menos de tres horas, media ciudad ardía en llamas tras la descarga de violencia que el pueblo había desatado contra el gobierno y contra todo lo que se interpusiera a su paso después de conocer la noticia de la muerte de su líder a manos del odiado conservatismo, noticia dada por medios radiales intervenidos por los líderes liberales que buscaban la caída de Ospina y su partido del poder presidencial.

Ese día, enfurecidos y cargados de desesperanza, las clases populares de Bogotá y luego de todo el país vengaron con muertes, saqueos y destrucción el asesinato de su líder y posible redentor. Lo que comenzó como una protesta violenta con fines políticos, terminó como un derroche de vandalismo y brutalidad alentado por el licor. La policía, que estaba vinculada al Partido Liberal desde el gobierno de Alfonso López, tomó parte en la revuelta a favor del pueblo y el ejército evitó, a costa de muchas muertes, que la masa iracunda se tomara el palacio de gobierno.

bogotazo

Para esa fecha, como parte del proceso de internacionalización del país en el nuevo orden mundial, se reunía en Bogotá la Conferencia Panamericana cuyo tema central era evitar el desarrollo del comunismo en las naciones americanas, con lo que el gobierno de Ospina, con el respaldo del de Washington, declaró oficialmente que el comunismo internacional liderado por Stalin había asesinado al líder liberal para desestabilizar la conferencia e, incluso, tomarse el poder en Colombia. Era la entrada de frente del país en la Guerra Fría.

El gobierno se sostuvo con el apoyo del ejército y con el mantenimiento de la política de unión nacional que terminó llevando a Darío Echandía al Ministerio de Gobierno para tratar de apaciguar la furia del pueblo liberal que reclamaba venganza. Finalmente Ospina retomó el control absoluto de todas las ciudades el 16 de abril, pero la violencia se trasladó entonces a las zonas rurales en las que unos se mataban con otros y el machete se volvía un elemento indispensable para salir de la casa. En Barrancabermeja, por ejemplo, el ejército pudo restablecer la autoridad del ejecutivo sólo dos meses después y en ese lapso muchos conservadores fueron asesinados.

En las ciudades se recogían cuerpos de las calles y varios sectores habían quedado arrasados por el vandalismo. Imperaba el toque de queda y la tensión social era casi incontenible frente a la desesperanza y la posibilidad de que la muerte llegara en cualquier momento.

Antes de que los ánimos reprimidos se calentaran de nuevo, el gobierno ordenó ese 16 de abril que se reabrieran los teatros y empezaran las funciones de cine cuanto antes, y que los partidos de fútbol estaban permitidos: el gobierno trasladó así las pasiones políticas al desenvolvimiento de lo lúdico como espacio de catarsis como ya lo habían hecho los regímenes totalitarios europeos en los 30 [2].

De esta forma, el domingo 18 se llevó a cabo la inauguración del campeonato de fútbol de la Federación del Atlántico con “total solemnidad” y la presencia de 53 equipos [3] a pesar de que el sector comercial estaba hecho cenizas y que la iglesia de San Nicolás fue destruida. El domingo 11 de abril, precisamente, estaba programado un doblete en El Campín entre Millonarios vs Libertad de Costa Rica y Santa Fe vs Alianza Lima, partidos que fueron cancelados por la situación de la capital. Sin embargo, después del 16 Millonarios y Santa Fe decidieron jugar un partido a beneficio del ejército como homenaje a su labor patriótica en los días anteriores, y, además, para darle entretenimiento a la ciudad tras los momentos difíciles que había pasado [4].

Igual pasó en el resto del país, se organizaron clásicos regionales o partidos atractivos para distraer al público y dar la sensación de que los problemas habían sido superados, y fue así como el 25 se enfrentaron en Manizales Deportes Caldas y Once Deportivo, en Cali Deportivo Cali y Boca Juniors, y en la capital de Antioquia Medellín y Alianza Lima, sin contar con que en la costa se estaban jugando partidos domingos y miércoles en el marco del campeonato regional.

La situación se calmó en las ciudades pero no en el campo, hecho que el gobierno solucionó con una censura que se tomó los periódicos liberales, que empezaron a aparecer con hojas y recuadros en blanco.

Los habitantes de las ciudades estaban hastiados de esto y de toda la tensión que generaba la situación política que hacía que cada vez se vieran más desplazados en las calles. La situación de los campos y el aumento de población en las ciudades hizo que en ciertas zonas el alimento se volviera insuficiente y la gente, desesperada, empezó a buscar salidas y espacios en una oferta de entretenimiento que resultaba insuficiente.

Y ahí llegó la Dimayor

El 27 de junio los dirigentes de los equipos más populares de cada región, encabezados por Alfonso Senior de Millonarios, decidieron formar la Dimayor (División Mayor del fútbol colombiano) y organizar un campeonato profesional con partidos de ida y vuelta en cada ciudad participante, el cual daría el primer gran campeón del fútbol colombiano. El campeonato arrancaría el 7 de agosto como un homenaje a la patria en esos difíciles momentos [5] y se permitiría el ingreso de máximo dos equipos por ciudad.

Un campeonato profesional que mantuviera todos los domingos un buen espectáculo en la ciudad fue aplaudido por la prensa de las capitales importantes por el beneficio deportivo y, sobre todo, social que le traería al país.

El nacimiento de la Dimayor generó un cisma entre esta y la ADEFUTBOL (Asociación Colombiana de Fútbol) pues ésta última veía como se le iban de sus manos los equipos populares y que llevaban gente a los estadios. El resultado fue que la ADEFUTBOL, que era la socia de la FIFA, no reconociera a la Dimayor y el torneo organizado por esta fuera considerado por el regente del fútbol mundial como “pirata”.

Los equipos miembros de la Dimayor eran diez: Millonarios y Santa Fe por Bogotá, América y Deportivo Cali por esa ciudad, Atlético Municipal y Deportivo Independiente Medellín por la capital de Antioquia, Junior de Barranquilla, Deportes Caldas y Once Deportivo en representación de Manizales, y la Universidad Nacional de Bogotá, que jugaba por Pereira en un comienzo pero que, ante los altos costos, terminó jugando los sábados en la capital.

Finalmente por problemas logísticos el campeonato no pudo empezar el día patrio acordado sino que arrancó el 15 de agosto y a partir de ese instante el país se transformó: nunca antes había encontrado una fiesta y una distracción tan ampliamente difundida y tan frecuente.

El estado de catarsis en las ciudades fue total pues lo que pasaba en los campos pasó a un segundo plano así como la coyuntura internacional de la Guerra Fría, y los medios, con el boom de publicaciones y páginas especializadas, ayudaron para eso: “Ya a esta altura ninguno niega que lo primero que hacen lo lectores de los periódicos el día lunes es ir directamente hacia las páginas deportivas, antes que aquellas que dan noticias sobre acontecimientos de otra índole –así sea de las que hablan sobre la tercer guerra mundial- con el ánimo de despejar las incógnitas que desde la noche anterior le han impedido el sueño en sosiego” [6].

Alfonso Senior, el gran responsable de esta profesionalización escribiría años después: “El fútbol traduce la necesidad biológica de excitación, de pasión, de extroversión de las personas y ayuda a descargar esa caldera social en la cual se cocinan explosivos ingredientes que forman parte de los disturbios populares” [7]. Y eso pasó en las ciudades colombianas: el estadio era el lugar de encuentro de la gente sin importar su partido, filiación política o clase social. Era la oportunidad de que tanto liberales como conservadores mostraran intereses comunes y estuvieran unidos en paz por 90 minutos.

La fiebre de fútbol invadió todas las estancias de la vida nacional. El 4 de diciembre la Revista Semana, dirigida por Alberto Lleras y con una línea política e internacional, por primera vez en su corta historia no tuvo la foto de un político, personalidad cultural o líder mundial sino que, por el contrario, tuvo en portada la foto de Julio “Chonto” Gaviria, arquero de Santa Fe y gran ídolo de la afición capitalina.

En el artículo sobre el jugador dice, haciendo clara referencia a la evolución que he tratado de explicar, que “los colombianos no discutían antes sino sobre política y poesía. Desde 1938 también discuten sobre fútbol” [8].

Los narradores y comentaristas radiales tuvieron su cuarto de hora, y empezó a captar el favoritismo y el respeto del público el costarricense Carlos Arturo Rueda quien llevaba varios años escribiendo para El Espectador. La radio adquirió una nueva dimensión pues significaba la posibilidad de reunirse con los amigos a escuchar los partidos, y la sensación de estar en un estadio sin estarlo.

La importancia del fútbol hizo que apareciera en la prensa y en la radio la figura del analista, y esto representó un cambio en la dimensión de la comprensión del deporte pues, además de contar lo que pasaba durante el partido, el fútbol ameritaba una explicación pseudocientífica del desarrollo del juego, alguien que analizara los sistemas y el desempeño de los elementos de esos sistemas. Alberto Ríos, por ejemplo, analizaba las jugadas de una manera tan científica que medía la distancia de los disparos errados al arco y en las transmisiones se le podía escuchar decir: “Ese disparo pasó a un metro dieciocho centímetros y tres milímetros del arco defendido por Chonto”.

Esto hizo que aumentara la afición, que se sentía partícipe de algo realmente importante. El primer campeón fue Santa Fe, el 19 de diciembre de ese histórico año en el que casi todos los estadios se mantuvieron llenos [9]. La victoria del equipo rojo de Bogotá, sin embargo, tuvo algo significativo no sólo por imponerse al Junior y a Millonarios, los dos grandes favoritos por la traidición futbolística del primero (incluso había representado al país como selección Colombia) y los jugadores extranjeros del segundo.

Formación de Santa Fe en 1948

Formación de Santa Fe en 1948

Santa Fe, un equipo sin tantas figuras pero de origen distinguido en el Gimnasio Moderno, venció al todopoderoso Millonarios en un hecho que fue interpretado por muchos como la reivindicación del pueblo, pues Santa Fe se había vuelto eso, el equipo del pueblo, el trabajador, el sufrido, y sobre todo el antagonista del rico, boyante y soberbio Millonarios.

Para la historia quedaron los seis penales que atajó ‘Chonto’ Gaviria a lo largo del torneo; las 12 victorias en 18 juegos, en donde sólo perdió tres veces; los 57 goles que hicieron delirar a su naciente hinchada, 20 de ellos marcados por Jesús María Lires, el talento de Luis Rubio, Germán Antón, José Kaor y Antonio Julio de la Hoz, pero sobre todo el simbolismo político que tuvo esta victoria.

Gaitán trapo

La camiseta roja del equipo fue asociada al Partido Liberal y a Gaitán, quien como alcalde construyó El Campín, y el hecho de que esta hubiera sido la primera en coronarse como campeona en Colombia fue motivo de un montón de metáforas que incluso tienen hoy en día la imagen del caudillo como una de las insignias de las barras del equipo, aún cuando nunca se supo a quién le hacía fuerza.

Así nació nuestro fútbol profesional, en medio de una coyuntura política y una crisis que dejó para la historia esa estrella blanca en el pecho rojo del primer campeón.

Notas:

[1] Alape, Arturo. El Bogotazo, Memorias del olvido. Planeta. 1987. Pág. 254

[2] Dunning, Eric y Norbert Elias. Deporte y Ocio en el proceso de civilización. Fondo de Cultura Económica. 1992.

[3] El Espectador. Bogotá. Junio 19 de 1948.

[4] “La gente se merece entretenerse y pensar en otras cosas” dijo Carlos Aldabe, entrenador de Millonarios, a El Espectador. Ver El Espectador. Bogotá. Abril 17 de 1948.

[5] El Tiempo. Bogotá. Julio 1 de 1948

[6] El Tiempo. Bogotá. Agosto 30 de 1948. Pág. 10

[7] Senior, Alfonso. El deporte descongestiona la caldera social en Lecturas Dominicales. Bogotá. Agosto 14 de 1977

[8] Revista Semana No. 111. Bogotá. Diciembre 4 de 1948

[9] En Medellín no se jugaba en un estadio sino en el hipódromo y a veces al mismo tiempo que se disputaban las carreras dando un espectáculo impresionante al público.

*Publicado originalmente en Golcaracol.com