Medio siglo de éxitos y tormentas

Semblanza de Independiente Santa Fe con motivo de su cincuenta aniversario, el 28 de febrero de 1991.

Por Eliécer Ortega

Hay personas o instituciones que nacen con un rótulo. Otras se lo ganan. Como es el caso del Independiente Santa Fe, un club de fútbol profesional que está cumpliendo hoy 50 años de vida, llamado con todos los méritos del caso el equipo de las tormentas. Las raíces del club se localizan en la celebración de las Bodas de Plata del Gimnasio Moderno, cuando en 1939 varios egresados del renombrado claustro bogotano se reunieron para jugar un partido contra jóvenes alumnos del colegio de la calle 75.

Y así como hay hombres que no recuerdan cuál fue su primer amor, el embrión santafereño tampoco recuerda cómo terminó ese partido.

Ernesto Gamboa, uno de los socios que firmaron el acta de fundación del club el 28 de febrero de 1941, por el contrario, dice en alguna parte que los primeros colores del equipo fueron el blanco con una franja azul. Luego cambiaron al blanco-rojo del club inglés Arsenal, porque el azul y también un verde que llegaron a utilizar se desteñían.

Los gimnasianos se reunían en el Cafe Rhin del Pasaje Santa Fe, al lado de la plazoleta del Rosario, donde estudiaban. De allí emigraron hacia los Campos del Litográfico para llegar antes del primer campeonato rentado a una sede en la calle 22 con la carrera octava.

Las crisis y las tormentas comenzaron pronto.

Los santafereños se pelearon con políticos, escritores y periodistas de El Tiempo porque el grupo tomó la costumbre de dar la Vuelta a la Manzana, un trote alrededor del Rhin, la Heladería Brodway, El Tiempo, El Espectador, el Café Los Molinos y Nuestra Señora del Rosario.

En el Santa Fe, dicen, siempre han coexistido dos corrientes ideológicas, las alimentadas por Gonzalo Rueda Caro y Jorge Ferro Mancera, dos presidentes cuyo paso dejó una honda huella. Pero en el fondo, ambos grupos defendían una misma cosa: sede propia, divisiones inferiores y una identidad propia en la cual la condición de la persona era el aspecto fundamental.

El primer desplome santafereño, como el de todos los clubes reunidos en torno de la Dimayor, se produjo al extinguirse la romántica época de El Dorado, cuando en 1954 se firmó la paz y el fútbol-arte dejó como herencia un rudimentario elemento criollo.

Algunos de los futbolistas extranjeros que vinieron en esa época, como Adolfo Pedernera, cobraron primas de hasta 10 mil dólares. Al desintegrarse el circo, a un jugador colombiano le pagaron 100 pesos por partido.

Hasta 1975 Santa Fe fue un club manejado bajo el patrón ancestral del aficionado que le regala al equipo la ficha de un jugador y que, como entidad sin ánimo de lucro, compite por la satisfacción del triunfo. Pero los vientos soplaron y las cosas cambiaron.

En ese año 1975 Santa Fe ganó la que hasta ahora es su sexta corona. No tenía figuras estelares. El chileno Francisco Hormazábal se las arregló para que un grupo humilde (Oscar Bolaño, Alfonso Cañón, Hernando Piñeros, Darío López, Carlos Alberto Pandolfi, Moisés Pachón, Alonso Rodríguez, Héctor Javier Céspedes, entre otros), sorprendiera a rivales más encopetados.

Al año siguiente, cuando Guillermo Cortés intentó echar la casa por la ventana haciendo costosas contrataciones, el equipo no funcionó y los problemas que hasta ese entonces eran rumores inconfesables irrumpieron con violencia.

La crisis económica estalló cuando Cortés se fue y asumió la presidencia Alfonso Rozo. Debido a manejos equivocados en la negociación de jugadores extranjeros y a inversiones sin la debida orientación, se originaron enormes pérdidas.

Las cosas empeoraron cuando a Rozo lo sucedió Gabriel Camargo, a quien en el Santa Fe se debe la paternidad del jugador-mercancía. Camargo vino con su cuadrilla de jugadores y cuando sus desesperados esfuerzos por salvar una cuantiosa inversión fracasaron, se fue con ella.

El siguiente capítulo fue el de la pugna entre Camargo y Fernando Carrillo. El primero le cedió al segundo sus acciones pero aquél se marchó con el pase de sus jugadores. Santa Fe, súbitamente, se quedó sin futbolistas, sin sede, sin elementos de transporte y hasta sin balones.

Carrillo, dicen, perdió enormes sumas de dinero. Un equipo de fútbol profesional es el producto del trabajo y del dinero. En este caso solo hubo lo segundo y las cosas, lógicamente, no funcionaron.

En el primer semestre de 1985, Santa Fe de pronto descubrió que estaba al borde de la bancarrota. Tenía una gigantesca deuda (150 millones de pesos) por cuestiones administrativas y el equipo estuvo a punto de no aparecer en el segundo torneo.

Hubo una asamblea. El equipo volvió a cambiar de manos. La llave salvadora la integraron esta vez Efraín Pachón-Fanor Arizabaleta. El primero, un hombre que recita como una poesía las alineaciones del equipo desde 1948, aportó las ideas; el segundo, que también se las conoce de memoria, puso el dinero.

Para restablecer el orden en la casa, el abogado Luis Fernando Salazar firmó un concordato, una figura que se inventaron para salvar empresas en quiebra; otro abogado, Roberto Troncoso, aireó la cuestión laboral. A los empleados les debían salarios de seis meses y los futbolistas no cobraban primas desde hacía dos años.

Pachón consiguió diez hectáreas en el Parque La Florida y allí construyó seis canchas. Hizo tómbolas, vendió acciones. Y compró una buseta. Llamó a un grupo de 16 exjugadores que formaron 16 equipos de divisiones inferiores y Santa Fe, luego de un azaroso periplo de casi medio siglo, volvió a sus comienzos: las divisiones inferiores. Y le añadió unas escuelas de entrenadores y de preparadores físicos.

Santa Fe promocionó a su primer equipo a una generación de jóvenes jugadores Eduardo Niño, Wilmer Cabrera, Fredy Rincón, Fredy León, entre una lista de 25 y después desató una ira santa al venderlos para terminar de pagar sus deudas.

Entre 1987 y 1990 fue tres veces finalista. Pero también tuvo grandes descalabros, como el de 1985 cuando el Tolima le impidió en Ibagué entrar a la liguilla final. O cuando un título al alcance de la mano (tres puntos de ventaja a tres fechas del final) se le hizo humo en 1987.

Santa Fe ha sido campeón profesional seis veces. En 1948 los 20 goles del Gallego Lires López lo condujeron a su primer galardón. Pero sus grandes figuras de la época El Dorado René Pontoni, Angel Perucca, Héctor Rial, Oscar Bernau, Jorge Benegas, Germán Antón no le brindaron esa satisfacción. Julio Tocker y los 26 tantos de José Vicente Grecco sí, cuando en 1958 se tituló por segunda vez.

Al comenzar los 60, Santa Fe formó un equipo que ha resistido el paso del tiempo. ¿Quién no recuerda a Oswaldo Panzutto (25 goles) o a Orlando Alberto Perazzo (20)? ¿O a Carlos Aponte, Juan Montero, Miguel Reznik, Ricardo Campana, Guillermo Milne, Juan Carlos Pellegrino, Héctor Zipa González, Hernando Tovar, Jaime Silva, Mario Bustamante, Manuel Pacheco? En 1966 Gabriel Ochoa, con los 31 goles de Omar Lorenzo Devanni, le entregó la tercera corona. La quinta en 1971 la dio la onda yugoslava comandada por Toza Veselinovic Dragoslav Sekularac, Lazlo Jankovich con el aporte brasileño de Waltinho, el argentino de Miguel Angel Basílico y el criollo de Víctor Campaz, Alfonso Cañón, Chiqui García y Tumaco González.

Por último, 1975, un título con el rótulo de la modestia. Al año siguiente, salto al precipicio al formarse un equipo costoso que convirtió grietas en troneras por las cuales el club empezó a ir cuesta abajo.

En esa época comenzó a sumirse en una anarquía que vio desfilar a 18 técnicos en 13 años (1975 y 1988). Uno de ellos duró sólo 24 horas (Héctor J. Céspedes-86). También hubo dos casi al mismo tiempo (Juan Urriolabeitía-Juan C. Lorenzo) y hasta cuatro en un mismo año (Pinto-Silva-Céspedes-Rodríguez-86). Lo último que le ha sucedido fue la huelga que le montaron técnico y jugadores en 1988, algo típico en un equipo que ahora le toca vivir del pasado porque su presente es intrascendente.

*Publicado originalmente en el diario El Tiempo el 28 de febrero de 1991.

‘The Bogota Bandit’: 70 años del inicio de la aventura deportiva en Colombia del inglés Charles Mitten

En 1950, la estrella del Manchester United abandonó su club y la selección inglesa para jugar con Independiente Santa Fe. La Cancillería publica sus archivos.

El caso de Charles Mitten, es uno de los más curiosos y aún poco referenciados sucesos en la historia del deporte en Colombia. En el año de 1950, durante el auge de migración de jugadores profesionales al país, este deportista inglés nacido el 17 de enero de 1921 en Rangoon (Birmania) abandonó su club en Inglaterra y la selección inglesa de fútbol, para fichar con el club Independiente Santa Fe de Bogotá a inicios de “El Dorado” y establecer, un cambio de estatus que los futbolistas tenían en ese momento para el mercado del deporte.

La historia deportiva de Mitten comenzó en la ciudad industrial de Manchester (Inglaterra), a donde llegó con su familia desde la colonia inglesa de Birmania. Siendo aún niño comenzó a mostrar su talento para el fútbol, por lo que ingresó a las divisiones inferiores del club Manchester United en 1936, pero al suspenderse las competiciones deportivas por el inicio de la segunda guerra mundial en Europa, su debut se postergó algunos años más.

No obstante, durante la delicada situación bélica al servicio de la Royal Air Force, logró jugar en clubes como Chelsea y Southampton donde anotó cinco goles. Al finalizar la guerra regresó al Manchester United, donde conformó el “Famoso cinco” de Old Trafford con futbolistas talentosos como Jimmy Delaney, Stan Pearson, Jack Rowley y Johnny Morris, con los cuales hizo importantes temporadas en la liga y a la vez logrando ganar la Copa FA de Inglaterra, frente al Blackpool en 1948.

Estas destacadas actuaciones, valieron para que el club fuera invitado a realizar una gira en los Estados Unidos dos años después, donde Charles Mitten fue contactado por el señor Luis Robledo (quien era dirigente del club Independiente Santa Fe de Bogotá), ofreciéndole dejar Inglaterra e irse a jugar en la reciente creada liga colombiana de fútbol. En una biografía póstuma, el escrito narra como Mitten arregló el contrato con Robledo en Nueva York, señalando que los futbolistas tenían hasta ese momento un estatus social similar a un minero en Inglaterra, por lo que el salario ofrecido por el dirigente colombiano en un año era lo que el jugador, ganaría en una década jugando en un club como el Manchester United.

Lo anterior no fue bien visto en diversos círculos sociales y depotivos en Inglaterra, por lo que el futbolista fue sancionado por la liga inglesa y la Fifa para jugar la copa mundial de fútbol organizada por Brasil en 1950. No obstante, Mitten y otros futbolistas ingleses se aventuraron a jugar en Colombia para incrementar sus ingresos, fama y prestigio social, reivindicando muchos años después sus acciones que para el caso particular de este jugador, sería conocido en el mundo de fútbol desde entonces como ʻThe Bogotá Banditʼ (El bandido de Bogotá).

Paralelamente a las negociaciones del contrato de Mitten, la Cancillería de Colombia fue clave para agilizar todos los trámites de visado y firma del contrato del jugador, primero con los cables enviados desde Nueva York a Bogotá y luego, con las comunicaciones con el consulado de Londres, para tramitar rápidamente la documentación correspondiente a la llegada del futbolista a territorio colombiano.

Visa Charles Mitten en los archivos de la Cancillería.

Así mismo, dentro de la visa quedaba consignado que el contrato había sido presentado por el futbolista en Inglaterra y que el señor Luis Robledo, era la persona que lo conocía en Colombia para cumplir todos los requisitos que el formulario solicitaba ante el Cónsul General en Londres.

De esta manera, a traves de la gestión de los consulados, el inicio del ”El Dorado” y los contratos de algunos clubes en el fútbol colombiano hace 70 años, se dio inicio a un nuevo tipo de mercado y agentes deportivos como sucedió con el caso del futbolista inglés Charles Mitten. Por tanto, el patrimonio documental de la Cancillería muestra parte de esa transformación y como la gestión de sus funcionarios, fue clave para el proceso que dio inicio a dicho cambio.

Finalmente, con la regularización del fútbol en Colombia con el pacto de Lima en 1951, los futbolistas extranjeros retornaron de manera paulatina a sus lugares de origen, por lo que Charles Mitten volvió a jugar en Inglaterra para otros clubes como el Fulham y Mansfield Town. De igual forma, a través de su familia estuvo muchos años más vinculado al deporte y club Manchester United, siendo algunos de sus sobrinos y familiares futbolistas y periodistas, antes de su muerte ocurrida el 2 de enero de 2002.

Tomado de: Cancilleria.gov.co

¡Adiós, Cañoncito!

Fallece a los 50 años Roberto Alfonso Cañón, exfutbolista de Santa Fe, hijo del ídolo cardenal Alfonso Cañón.

En la madrugada del 2 de septiembre de 2019, falleció a los 50 años Roberto Alfonso Cañón Alvarado, exjugador e hijo del ídolo cardenal Alfonso ‘Maestrico’ Cañón.

Hoy recordamos a Roberto Alfonso por los siete años en los que vistió la camiseta del Primer Campeón portando el 10 en su espalda.

‘Cañóncito’ jugó con la piel del león entre 1987-1994 y acumuló 209 partidos, 14.608 minutos y 45 goles.

El club y la hinchada cardenal siempre estarán agradecidos con su entrega y huella en la historia de Santa Fe. Lamentamos profundamente su fallecimiento y solo tenemos palabras de gratitud y condolencia para la familia Cañón. Enviamos un enorme abrazo a Giovanni Cañón, hermano y entrenador de nuestras Divisiones Menores y por supuesto a su padre, el gran ‘Maestrico’ Cañón.

Tomado de IndependienteSantaFe.com

Los años en que Santa Fe eludió el descenso

Tras vender a su goleador del momento y dar tumbos en la dirección deportiva, a principios de los 90 Santa Fe cayó al fondo de la tabla y debió luchar por la permanencia de categoría.

Santa Fe 1993. Arias, Jiménez, Aguilar, Orozco, Peña y Velásquez. Reynoso, Valencia, Pérez, Torres y Wittinghan.

En las temporadas 1993 y 1994, Independiente Santa Fe desempeñó dos paupérrimas campañas que lo llevaron al fondo de la tabla, en medio de un desorden administrativo que dejó secuelas por muchos años y que en ese momento lo llevaron a disputar la permanencia en primera división.

En esa época había un solo descenso directo, que se definía por el puntaje total del año o reclasificación, y sólo se otorgaban dos puntos por partido ganado.

En el campeonato de 1993, Santa Fe llegó a la penúltima fecha con tres puntos más que el Cúcuta Deportivo, candidato al descenso. Con una victoria 3-0, el León aseguró su permanencia y le dejó el tema a motilones y pijaos. En la última fecha sacó un 0-0 en visita al Nacional en un partido de trámite, mientras que Cúcuta se quedó en primera por sumar más partidos ganados que Tolima. Así quedó la parte baja de la tabla ese año:

13. Santa Fe 40 pts.
14. Quindío 38
15. Cúcuta 36; 12 PG
16. Tolima 36; 11 PG

Al año siguiente, faltando tres fechas para acabar la fase regular del torneo, Santa Fe completaba cuatro derrotas consecutivas y el riesgo de caer a segunda seguía latente. Con seis puntos de diferencia, recibió al colero Bucaramanga en El Campín. Con un empate 1-1 ratificó su permanencia de categoría.

Al final, y pese a los triunfos en las últimas fechas, el Leopardo se despidió de categoría, mientras que el Expreso Rojo completó el calendario con derrotas ante América y Envigado.

Así quedó la tabla:

13. Pereira 39 pts.; -9 GD
14. Santa Fe 39; -14
15. Cortuluá 38; -14
16. Bucaramanga 38; -17

Expreso descarrillado

Las irregulares campañas de 1993 y 1994 fueron reflejo, según algunos analistas deportivos, del desorden administrativo que afrontaba Santa Fe.

“Este fracaso deportivo tiene nombre propio: César Villegas. Hoy el equipo no vale nada y usted tiene una deuda con los miles de seguidores de Santa Fe. Un equipo de fútbol no es un negocio cualquiera, es una institución de una ciudad”, juzgaron desde la redacción deportiva del diario El Tiempo.

“En lugar de reforzar al club con futbolistas de alta envergadura, se salió del mayor estandarte como era Adolfo El Tren Valencia”, cuestionó, a su vez, Víctor Rosas.

Otro factor señalado para la irregularidad de esas temporadas fue la de la inestabilidad en la dirección técnica, pues tuvo cinco entrenadores en tres años, con un promedio de siete meses por cada uno. Pasaron por el banquillo cardenal Héctor Javier Céspedes, Jorge Luis Pinto, Roberto Perfumo, Arturo Boyacá y William Morales.

Pasaron los años y el primer campeón no volvió a estar en esa situación. Además, se modificó el sistema del descenso en varias oportunidades, pues pasó de ser directo a ser por “promedio” o acumulado de los últimos tres años. También se amplió el número de equipos de primera división, pasando de 16 a 18, primero, y de 18 a 20, después, con dos ascensos y descensos por año.

Desde entonces, Santa Fe ha ocupado en dos ocasiones el último lugar: en el 2007-2 y el 2019-1. Con el bajo rendimiento en la temporada 2019, se reedita una eventual lucha por la permanencia en la temporada 2020, pues, de mantenerse el formato, el puntaje lo ubica al fondo de dicha tabla, aunque tiene aún por delante tres torneos para reaccionar.

Con aquel periodo de los años 90 se repiten factores como haber vendido a su goleador (el Tren Valencia entonces, Wilson Morelo ahora) sin un reemplazo de categoría, transiciones en la dirigencia del club e inestabilidad en la dirección técnica, pues en los últimos dos años han pasado por el banco santafereño Gregorio Pérez, Agustín Julio, Guillermo Sanguinetti, Gerardo Bedoya, Patricio Camps y Harold Rivera.

Los archivos de Gonzalo Rueda Caro en la Cancillería

Gonzalo Rueda Caro, cofundador de Independiente Santa Fe, también fue vicecónsul en Suiza en 1949. Con motivo del aniversario de su nacimiento, la Cancillería publica el expediente depositado en sus archivos y parte de su historia.

El 6 de abril de 1921 nació Gonzalo Rueda Caro, quien fuera el vicecónsul del Ministerio de Relaciones Exteriores en 1949. Con motivo de su natalicio, recordamos algo de su historia y de su paso por la Cancillería.

Hijo de Tomás Rueda Vargas, uno de los más importantes pedagogos del siglo XX y fundador del Gimnasio Moderno en el año 1914, Gonzalo Rueda Caro fue uno de los intelectuales que fue formado dentro de la llamada “Nueva Escuela” en Colombia. Dicha nueva educación impartida en el país e impulsada por su padre, buscaba formar individuos más racionales y que autorregularan su disciplina desde la infancia con nuevas prácticas educativas, como lo eran por ejemplo la promoción de la cultura del país, la educación física y el deporte.

De hecho, la cultura y el deporte, que eran ampliamente promovidos en el colegio Gimnasio Moderno, llevaron a Gonzalo Rueda Caro ser uno de sus principales promotores en el contexto social de Bogotá en los años cuarenta. Primero, iniciando con la fundación del tradicional club de fútbol Independiente Santa Fe y revistas como el semanario El Mercurio y de la revista deportiva Estadio. Y segundo, como representante y uno de los primeros socios de la Dimayor, División Mayor de Fútbol Colombiano, que desde esa época hasta hoy profesionaliza y determina las reglas de ese deporte en Colombia.

No obstante, a pesar de tener una oportunidad mucho mayor en la dirigencia del fútbol profesional colombiano, Gonzalo Rueda Caro se alejó de las instituciones burocráticas del deporte al aceptar el ofrecimiento de vicecónsul en la ciudad de Ginebra (Suiza), que lo llevó a ser parte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y salir del país durante la primera mitad del año de 1949.

Hoja de servicios del señor Gonzalo Rueda Caro en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia. MRE, Historias Laborales, Caja 65571, folio 1r.

Durante dicho tiempo en Ginebra (Suiza), Rueda Caro siendo Vicecónsul de Colombia, seguramente, conoció experiencias radiodifusoras que estaban en auge en ese momento como la Radio Suiza Internacional, cuyo fin era promover la imagen de dicho país a través de la promoción de los lazos connacionales y la cultura, por lo que a su regreso al país se complementaría aún más el ideario de su padre y el proyecto pedagógico impulsado el Estado a inicios del siglo XX, sobre la formación de intelectuales más completos y racionales que pudieran promover culturalmente y en otros ámbitos, la construcción y los valores que dieran forma a la nación colombiana.

De este modo, Rueda Caro después de ofrecer sus servicios como vicecónsul en Suiza a la Cancillería durante ese año, regresó para fundar primero junto a Álvaro Castaño Castillo y su esposa Gloria Valencia de Castaño la emisora HJCK “El mundo en Bogotá” en 1950, que a partir de ese momento se convirtió en un importante medio para la difusión cultural y promoción, en los medios de comunicación más importantes para los diferentes intelectuales del país; y segundo, tres años después el club campestre que hoy en día se le conoce como Los Arrayanes al norte de la ciudad, desde el cual se buscó nuevamente promover el deporte y que hoy en día es uno de los lugares más importantes para la práctica de disciplinas como el golf o el tenis (1).

Finalmente, después de 43 años en la emisora HJCK y de haberle entregado muchas horas radiales al país, Gonzalo Rueda Caro falleció el 20 de agosto de 1993 dejando un gran legado cultural y deportivo en Bogotá, que en la actualidad continúa ofreciéndole a una gran parte de la población diferentes espacios y un gran legado, para la promoción de la cultura y esparcimiento a través del deporte en la ciudad (2).

Notas:

1. https://www.thebusinessyear.com/colombia-2019/jose-manuel-restrepo-abondano-minister-of-commerce-industry-tourism/vip-interview
2. https://www.semana.com/cultura/articulo/adios-armas/20729-3

Tomado de: Sala de Prensa de la Cancillería

Cuando Oscar Julián Ruiz uso el ‘VAR’ y le anuló un gol a Santa Fe

En el torneo del año 2000, Óscar Julián Ruiz se valió de una pantalla para revisar una jugada de gol de Jeffrey Díaz que inicialmente había convalidado

Por El Cinco Cero

El llanero es reconocido como uno de los mejores árbitros en la historia de Colombia y de gran importancia en la Conmebol. Como todo juez central no estuvo exento de polémicas y en alguna oportunidad la ayuda del video le sirvió para corregir una decisión.

Santa Fe recibió a Tolima el 17 de septiembre del 2000 por la fecha 12 del Torneo Finalización. Los capitalinos eran dirigidos por el ‘Pecoso’ Castro y luchaban por el liderato mientras que el ‘Vinotinto y Oro’ estaba en la mitad de la tabla. A los 11 minutos, Iván López levantó un centro y Jeffrey Díaz abrió la cuenta en el Estadio El Campín.

Hasta ahí todo parecía normal pero del banco técnico del Tolima empezó una protesta. Ricardo ‘Pitirry’ Salazar, delegado del club, salió disparado hacia la pista atlética donde había una cámara de la transmisión de Sky Sports. Allí vio la repetición y se dio cuenta que Díaz marcó el gol con la mano. Segundos después el cuarto árbitro, Francisco García, vio lo mismo y le aviso a Oscar Julián Ruiz que anuló el gol en medio de los reclamos santafereños.

A los 34 minutos los visitantes se fueron arriba con anotación de Arley Dinas y a los 42 tuvo la revancha Jeffrey Díaz e igualó el partido. Lo curioso es que para iniciar el segundo tiempo hubo que esperar 25 minutos porque delegados de Santa Fe pedían quitar la cámara de la pista atlética. Por supuesto el camarógrafo solo realizaba su trabajo pero alguien mandó a las porristas a pararse en frente e impedir su labor. La reprochable actitud terminó con la cámara apagada el resto del partido.

De penal el ‘Guigo’ Mafla le dio la victoria a Santa Fe y al final del compromiso se inició la polémica por la forma en la que se anuló el gol. Era prohibido por la FIFA que los árbitros usaran la ayuda del vídeo para tomar decisiones, lo único permitido era revisar jugadas de agresión luego de los partidos y sancionar a los infractores.

La Comisión arbitral y Técnica terminaron respaldando a Oscar Julián Ruiz y Francisco García. Según su versión el cuarto árbitro le aviso a Ruiz desde el comienzo y simplemente revisó el video para confirmar la mano por lo que nunca se anuló el gol gracias a la ayuda técnica, algo muy discutido. “Eso todavía no se lo han inventado, ellos innovaron”, terminó diciendo Weimar Villegas, defensor de Santa Fe, toda una profecía.

El único clásico bogotano con un ganador a nivel continental

En 1976, Santa Fe y Millonarios se enfrentaron en la fase de grupos de la Copa Libertadores. El primer duelo culminó igualado a un gol, pero el segundo terminó con victoria del cuadro cardenal por 1-0.

Por El Espectador

El 25 de marzo de 1976 Bogotá se paralizó mucho antes de que comenzara el partido entre Santa Fe y Millonarios por la primera ronda de la Copa Libertadores. Lo hizo desde bien temprano en la mañana, cuando los maestros del país tomaron la decisión de suspender actividades, y los niños llegaron a las aulas de los colegios distritales para un día de escuela y terminaron teniendo una jornada sin clases, de jugar fútbol, de hablar del encuentro entre cardenales y embajadores, de hacer círculos socráticos no para dialogar de la existencia sino para definir quiénes eran del bando azul y quiénes del rojo. “Más horas de sueño, más horas de fútbol y de deporte al aire libre”, dice la crónica de El Espectador, que trató de reflejar lo que hicieron los alumnos en la capital del país y que terminó hablando de algo más allá del problema de orden nacional: el clásico bogotano entre el campeón y el subcampeón.

La cultura dominical del hincha hizo ver ese jueves como si fuera un domingo más, un día en el que el azar fue mejor que la lógica y, por ende, muchos que no tenían planes terminaron en el estadio El Campín, viendo al árbitro paraguayo José Romei, uno de los primeros suramericanos que dirigieron en Europa, braveando de manera imponente a los jugadores que se paraban desafiantes frente a él.

También al arquero peruano Hugo Horacio Ballesteros atajando pelotas de gol, equivocándose en el minuto 41 tras soltar el balón luego de un tiro libre de Ramiro ‘El Bimbo’ Viáfara, que culminó, tras una serie de rebotes, con el remate seco de Juan Carlos Sarnari para el único gol del encuentro. “Su único error: la flojera de manos”, el texto que acompañó la calificación hombre por hombre de este diario. El aficionado de Santa Fe disfrutó del buen juego de Héctor Javier Céspedes, un definidor tranquilo, frío, a veces tan frío que parecía no sentir la emoción del juego, mucho menos el calor de un clásico, pero que siempre, a su manera, le hacía la vida imposible a Millonarios, club con el que debutó cuando tenía 17 años.

“Venía de un año duro por las lesiones y me estaba recuperando de a poco. Creo que entré en el minuto 20 del segundo tiempo, por orden de Francisco Hormazábal y solo tuve esa oportunidad. De hecho, lo único que hice fue empujarla y ya. Fue algo muy sencillo para la alegría tan inmensa que tuvimos, que generamos en la afición”, recuerda Juan Carlos Sarnari, no sin antes mencionar que en aquella época las banderas azules y rojas se mezclaban en la tribuna, que los únicos cruces entre hinchas eran de cánticos, que lo importante no era agredir al otro sino opacarlo con la voz.

Y mientras Sarnari vivió un momento especial, del otro lado, Miguel Ángel Coverti sufrió la rudeza de Alfonso ‘El Cachaco’ Rodríguez, el defensor que dejaba pasar la pelota, pero no al jugador. “Un gran jugador, siempre lo hemos reconocido, pero no está bien visto en él su juego antideportivo contra Alfonso Rodríguez”, diría la reseña de este diario y a lo que hoy, 42 años después, el mismo Converti contesta. “Era el roce normal que hay en un campo de fútbol. Se terminaba el partido y ya todo olvidado. Nunca tuve una mala intención, solo que ‘El Cachaco’ me entraba muy fuerte y no podía dejarme. Era la manera de vivir un clásico. De hecho, años después, entablamos una gran amistad, cuando él me dirigió en Santa Fe”, le dice Miguel Ángel a El Espectador.

Lo curioso de esta historia es que ese resultado no ayudó a Santa Fe, que terminó último del Grupo 4, con cuatro unidades, y que sí perjudicó de manera considerable a Millonarios que fue segundo de esa zona, pero que quedó fuera de carrera al completar seis puntos, dos menos que Alianza Lima de Perú, el club que avanzó a la segunda fase.

Carlos Alberto Pandolfi, el sindicalista goleador

Tres años en Santa Fe le bastaron para consagrarse en la historia del club. Ha sido uno de sus mejores delanteros y con sus goles ayudó a conquistar la sexta estrella. Además ha sido promotor de la organización de los futbolistas y dirigente del gremio

Por Historia de Santa Fe

Carlos Alberto Pandolfi ha sido uno de los mejores delanteros de la historia de Independiente Santa Fe. Nacido en 1945 en Buenos Aires, llegó al primer campeón colombiano en 1975 y fue fundamental en esa campaña para conquistar el título, la sexta estrella del León.

Esa temporada, Pandolfi anotó 23 goles, con los cuales se ganó el cariño de la afición santafereña. En total anotó 41 goles en 118 partidos con Santa Fe, club con el que estuvo tres temporadas. Una de sus anotaciones (al América en 1977) está entre las más recordadas, pues se consiguió en el último minuto del partido y sirvió para clasificar a las finales del torneo.

Luego regresó a Argentina, donde jugó el último tramo de su carrera profesional con el Temperley. Antes, había jugado en clubes como Nueva Chicago, Chacarita Juniors y Estudiantes de La Plata, entre otros.

Tanto en Argentina como en Colombia fue promotor de la organización de los futbolistas para defender sus derechos e intereses. En su país natal ha sido uno de los principales dirigentes de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), la organización que los representa y a la que Pandolfi sigue vinculado aún hoy.

En Colombia fue uno de los precursores en esa causa, que sólo cristalizaría al llegar el siglo XXI con el surgimiento de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro) que después de varios intentos obtuvo el reconocimiento institucional para un sindicato de jugadores.

En 1976, Pandolfi apareció en la revista Alternativa, publicación militante que abordaba la situación de los movimientos populares del país y la actualidad política nacional. En su edición 82, se le presenta como “uno de los líderes del movimiento sindical de futbolistas”.

En entrevista con ese medio, el entonces goleador santafereño explicó que FAA logró varias conquistas, como un estatuto del jugador, gracias al cual se empezaron a hacer convenios colectivos de trabajo para los futbolistas en Argentina. La agremiación también emprendió obras sociales para los jugadores y sus familias.

“Cuando nació la FAA el jugador argentino tenía muchas obligaciones y pocos derechos. Se le trataba como una vaca”, explicó Pandolfi. Luego del sindicato, éste “le ha ayudado a sentirse persona y a aliviar algunos de sus problemas”, agregó.

Morelo hace historia: es el máximo goleador de Santa Fe en Libertadores

El delantero destrona a Omar Pérez con las 10 anotaciones que alcanzó en la Copa

Por Sebastián Castillo
Futbolred

El cordobés Wilson Morelo ‘destronó’ este martes a Omar Pérez como máximo goleador de Independiente Santa Fe en la Copa Libertadores. El atacante llegó a 10 tantos, uno más que el argentino, con el conjunto cardenal en el torneo más importante del continente, tras anotar dos de los goles en la victoria 3-0 de los bogotanos sobre Santiago Wanderers, por el juego de vuelta de la tercera fase de la competición.

Morelo anotó su primer gol con Santa Fe en Libertadores el 26 de febrero de 2015 frente a Colo Colo, de Chile, en la segunda fecha del grupo A. En aquella oportunidad el oriundo de Montería marcó una tripleta frente a los australes.

Adicionalmente, el delantero se convirtió en el máximo artillero del conjunto capitalino en torneos Conmebol con 14 tantos, superando a Pérez que se quedó con 13 dianas. Por otro lado, el cordobés es uno de los pocos delanteros en convertir un ‘hat-trick’ en Copa Libertadores (contra Colo Colo el 26-02-2015) y Copa Sudamericana (frente a LDU Loja el 20-08-2015).

Goles de Morelo en Libertadores

20-02-18: Santa Fe 3 – 0 S.Wanderers. Dos goles.

13-02-18: S.Wanderers 1 – 2 Santa Fe. Dos goles.

01-02-18: Táchira 2 – 3 Santa Fe. Dos goles.

05-05-15: Estudiantes 2 – 1 Santa Fe. Un gol.

26-02-15: Santa Fe 3 – 1 Colo-Colo. Tres goles.

La leyenda del diez cardenal: una historia de Omar Pérez

Tras superar los vaivenes de su carrera, el argentino Omar Sebastián Pérez Marcos llegó a convertirse en uno de los más importantes jugadores de la historia de Santa Fe

Omar Pérez campeón con Santa Fe luego de 37 años

Por José Luis Fernández Chavarría

Omar Sebastián Pérez Marcos hace parte de una generación de jugadores formada por Jorge Griffa, que como entrenador de divisiones inferiores de Newell’s Old Boys había promovido en primera categoría a futbolistas como Jorge Valdano, Américo Gallego, Ricardo Giusti, Gabriel Batistuta, Fabián Basualdo, Roberto Sensini, Fernando Gamboa, Mauricio Pochettino, Gerardo Martino, Maxi Rodríguez, Juan Simón, Walter Samuel, Aldo Duscher, Julio Zamora, Pablo Guiñazú, Abel Balbo y Gabriel Heinze.

Luego al servicio del Club Atlético Boca Juniors, promovió a primera a jugadores como Nicolás Burdisso, Éver Banega, Sebastián Battaglia, Fernando Gago, Carlos Tévez y al talentoso Omar Sebastián, que debutó a los 19 años con la camiseta xeneize.

Omar Pérez en portadas de la revista “El Gráfico” (1998 y 2002)

Omar se volvió uno de los jugadores con más proyección en Boca, donde alternó la titular en los equipos campeones del torneo argentino (2000), Libertadores (2000 y 2001) y la Intercontinental (2000). Incluso algunos críticos vieron en su juego el reemplazo de Juan Román Riquelme, sobretodo en el torneo de verano de 2002, al que llegó como titular y en el que le marcó un gol a River Plate en la goleada 4-0 de su equipo ante su eterno rival.

Sin embargo, el destino de Omar Sebastián era lejos del equipo donde se formó debido a que en el primer semestre del 2003 se le diagnosticara una lesión crónica de rodilla (llamada sinovitis) que lo alejó de tener una proyección internacional de alto nivel. Su papel en Boca Juniors se relegó a un segundo plano y a la postre se dio su salida hacia otro club en la siguiente temporada.

De esta forma, Omar Sebastián llega a Banfield para la temporada 2003-2004, donde cumple un decoroso papel que inclusive lo lleva a actuciones memorables, como un doblete que le hizo a River Plate en el Monumental. Con la camiseta del “Taladro” mostró el talento y el gran estilo de su juego en ese partido memorable.

No obstante, debido a su lesión, Omar Sebastián no logra jugar más que 21 partidos. Al final de temporada, las directivas de Banfield deciden no renovarle su contrato. Por tanto, el “Pelado”, como le llaman sus amigos, buscó otros rumbos donde pudiera desplegar su talento y jugar más partidos. Así se da su llegada al Junior de Barranquilla de la liga colombiana, que sin tanto renombre en el plano continental, le promete a Omar Sebastián más minutos de juego y un contrato por partido jugado.

En el equipo barranquillero, Omar desplego todo el talento que lo había hecho ser uno de los jugadores de mayor proyección en Argentina. Suma 33 partidos y 15 goles con Junior (uno de ellos desde mitad de cancha) y llega a ser una de las grandes figuras del equipo, que se conoraría campeón del torneo finalización 2004, superando al Atlético Nacional en la ciudad Medellín, en una de las disputas más emotivas que se recuerden para definir un título profesional en Colombia y que se resolvió en los penales tras un 3-0 de ida y un 5-2 en la vuelta.

Junior de Barranquilla campeón del fútbol colombiano en 2004 con Omar Pérez

Aquel despliegue de talento en el Junior catapultó a Omar al fútbol mexicano para la siguiente temporada. Llegó al Jaguares de Chiapas, donde a la postre solo jugó tres partidos debido al recrudecimiento de su lesión de rodilla. Tras su paso por México, regresó al futbol colombiano. Primero a Junior y luego para vestir la camiseta del Real Cartagena, donde tuvo inconvenientes por un impago que lo llevó a interponer una demanda ante la FIFA.

Sin embargo, Omar Sebastian no desistió del fútbol profesional y para la temporada 2008 arribaría al Independiente Medelín, donde volvió a tener minutos y a recuperar parte de su buen juego. Al final de ese año disputó la final del fútbol colombiano frente al América de Cali, en la que se quedó con el subcampeonato. Ese año, el “Pelado” anotó 10 goles en 38 partidos disputados y fue una de las grandes figuras del equipo.

Dicha actuación lo llevaría a ser uno de los jugadores más atractivos del fútbol colombiano de cara a la temporada 2009. Varios equipos buscaron su contratación, pero el volante argentino optaría por el Independiente Santa Fe de la ciudad de Bogotá, que pese a no disputar torneos internacional y de acumular 35 años sin ser campeón colombiano, fue el equipo que más le llamó la atención por su historia y el desafío que representaba aquella sequía de títulos (ver video).

Superando el más optimista de los pronósticos, Omar Sebastián Pérez Marcos se convirtió en el jugador con más gloria del club Independiente Santa Fe tras asumir su camiseta número diez. El “Pelado” llevó al Expreso Rojo a ganar 7 torneos de índole local (3 ligas, 3 superligas y 1 Copa Colombia) y también lo condujo a ser el único club colombiano en ganar una Copa Sudamericana (2015) y una Copa Suruga Bank en Japón (2016).

Omar Pérez campeón de la Copa Suruga Bank 2016

Fueron incontables las destacadas actuaciones de Omar Sebastián con Independiente Santa Fe. Por ejemplo, sus dos goles para la Copa Colombia 2009, el centro para el gol de la séptima estrella y el gol olímpico a Nacional en el 2012. También sus goles y asistencias en la Copa Libertadores 2013 que sirvieron para llegar a la semifinal, sus anotaciones para el campeonato de liga del 2014 o la memorable anotación ante Colo Colo en el estadio Monumental de Santiago en el 2015.

Nueve años después de su llegada a Santa Fe, se anuncia su salida del club, con lo que se cierra uno de los ciclos de uno de los jugadores más triunfadores en la historia del fútbol colombiano. Un crack que debió haber jugado en Europa o ser el conductor de la Selección Argentina, hechos que no se dieron pero sí el haberse convertido en uno de los mayores referentes y emblemas de Independiente Santa Fe.

Para aquellos que tuvimos el placer de ver a este diez cardenal en la cancha en sus mejores años, nos llena la nostalgia y la melancolía verlo partir. No sólo por ser el mejor jugador de la etapa más gloriosa de Santa Fe, sino porque a su llegada prometió algo que en su momento parecía imposible e inalcanzable, pero que con su trabajo y al hermoso destino que le permitió ser santafereño, lo llevaron a la cúspide del fútbol colombiano y continental.

Omar Sebastián Pérez Marcos, toda una leyenda cardenal, estará para siempre entre los más grandes jugadores de la historia del Club Independiente Santa Fe. Tal vez un nuevo azar del destino nos devuelva parte del maravilloso fútbol que vimos con él y un poco de la fe que se tuvo cuando vino al equipo para protagonizar estos nueve gloriosos años.