Aquel 23 de noviembre

El arquero Camilo Vargas marcó el histórico gol con que Santa Fe derrotó 1-0 a Millonarios, un triunfo que metió al equipo cardenal entre los ocho mejores del torneo finalización 2011.

camilo vargas

Por Rodrigo Urrego Bautista

Camilo Vargas, el joven arquero de Santa Fe, parecía un testigo de excepción de lo que parecía ser la eliminación de su equipo. Su presencia en la cancha había pasado inadvertida, porque Millonarios, ya clasificado a los cuartos de final, había renunciado a pelear por el clásico 265 y el simple empate le servía para sellar la suerte de su eterno rival.

Pero Vargas, que no había hecho ni siquiera una atajada decisiva, quiso pasar a la historia. Con timidez, en el último minuto del partido apareció en el área en lo que parecía ser una presencia desesperada.

Ómar Pérez, la otra figura de la cancha, cobró un tiro de esquina. Los defensas de Millonarios se ocuparon de custodiar al paraguayo Centurión y el arquero Vargas aprovechó su soledad. Se levantó con más fe que técnica y tocó el balón con su cabeza.

Nelson Ramos, el arquero de Millonarios, responsable del empate hasta ese momento, no tuvo reacción. La pelota entró ceñida al palo y los jugadores de Santa Fe corrieron a abrazar a su arquero, al que la afición quería hacerle un monumento.

Un minuto le bastó a Vargas para pasar a la historia. Es el primer arquero de Santa Fe que en la historia ha marcado un gol en jugada en movimiento.

Paradójicamente, el arquero Camilo Vargas le dio lo único que le faltó a Santa Fe en todo el partido. La definición. Porque el dominio total de la pelota que tuvieron los cardenales desde el minuto 15 del primer tiempo se hizo intrascendente por la incapacidad de sus delanteros.

Ómar Pérez se cansó de poner de cara al gol a Óscar Rodas y sobre todo a Jonathan Copete, que tuvo dos clarísimas opciones en el primer tiempo, que no supo definir, y una más en la segunda parte, que lo único que permitió fue hacer figura al portero Ramos.

Y aunque necesitaba de la victoria, Santa Fe parecía sucumbir ante un Millonarios que salió sin afanes, a controlar con inteligencia el partido, y que se lo complicó solito porque tuvo en la zona izquierda de su defensa a dos jugadores erráticos: Alejandro Cíchero y Jarold Martínez.

En ataque, una sola aparición, la del paraguayo Jaison Ibarrola, que en una gran jugada individual, estuvo a punto de eliminar a Santa Fe. Millos perdió la posibilidad de sacar del camino al rival que más le complicó las cosas en todo el torneo.

Pero para mantenerse vivo, Santa Fe necesitaba marcar un gol. Y en la recta final del partido no había por dónde. Todo parecía consumado y Santa Fe lucía resignado a un empate que sabía a eliminación.

Pero Camilo Vargas no se sentía derrotado. En el último minuto del juego se fue al área rival para pasar a la historia. Una historia que lo tiene de elegido en los clásicos, pues el primero que disputó, el 11 de septiembre del 2010, le tapó un penal a Yovany Arrechea. Catorce meses después no fue decisivo con sus atajadas. Lo hizo con un gol que pasará a la historia. Un gol que bien merece una clasificación.

*Publicado originalmente en Semana.com