Presentación del libro “Santa Fe: la octava maravilla”

Gimnasio Moderno, 9 de marzooctava maravilla presentacion

 

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Santa Fe campeón, por octava ocasión

El poeta Federico Díaz Granados escribe un texto sobre cómo el Independiente Santa Fe se consagró campeón del futbol colombiano

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Por Federico Díaz Granados

Cuando Luis Sánchez dio el pitazo final, el grito acumulado y contenido explotó. Fue la ratificación de todos aquellos años condensados en un solo segundo como una instantánea de asombros y recuerdos. En ese soplo del tiempo regresaron a mi memoria tantas tardes y tantas noches de frustraciones y pequeñas alegrías, temporadas de inmensas ilusiones y sueños intactos, campañas perdidas y torneos fracasados. Atrás quedaban, de una vez y para siempre, las cábalas y los talismanes desacertados. Por fin volvíamos a ser campeones, a la justa medida de nuestras nostalgias y dichas.

Esta noche todo volvió a tener sentido, como aquel domingo 15 de julio de 2012 cuando celebramos la séptima estrella después de 36 años, 6 meses y 24 días. Volví a entender el signo de las adversidades: las salidas cabizbajos de oriental, el dolor de una jornada perdida, las dichas efímeras en algunos clásicos (el 3-2 en el 84 con un gol de Carpene de 40 metros, el 3-2 cuatro años después y ese golazo de Morresi, el 7-3 del 92), el botín de oro de “Checho” Angulo en el 88, la zurda del “Pollo Díaz”, Las Copas Colombia del 89 y 2009, Gotardi, las temporadas 87 y 88 y por supuesto el gol de Copete al Deportivo Pasto en 2012. Nunca olvidamos la promesa: volveremos volveremos… Las cosas no resultan como las planeamos. Hubiera preferido no esperar tanto, pero valió la pena. Fue maravilloso llegar hasta acá así, porque aguardamos y eso templó el carácter, la paciencia y nos dejó lecciones básicas para la vida. Todo el tiempo de las derrotas pasó en un latido “Nosotros los de entonces ya no somos los mismos” diría Neruda pero ese estadio, esa tribuna y ese cántico aún nos llena de ilusión y sueños.

“Santa Fe campeón” es música y poesía para toda una hinchada acostumbrada al fracaso y la derrota. Es una nueva banda sonora para la vida. No sé, ni me importa, si Santa Fe volverá a ser campeón. Pero hoy la vida volvió a saldar esta vieja deuda. Y volveremos a llorar y a soñar en tardes soleadas y noches lluviosas en el estadio. Otros se especializan en ganar campeonatos. Santa Fe justifica el corazón y la pasión porque no es un equipo diseñado para dar vueltas olímpicas sino para despertar el fervor de una hinchada.

Ahora es tiempo de festejo, de vuelta olímpica, de confetis y papelitos en el aire. Es tiempo de gratitudes para unos nombres y un director técnico que desde hoy harán parte de una mitología de afectos y certezas. Esos nombres se repetirán miles de veces y se convertirán en un santo y seña de la alegría y de este instante de gloria.

Recordarán la Colombia de estos días, convulsa y contradictoria, Hablarán que fue el año de la reconciliación entre Cuba y Estados Unidos. Fue el año en el que nos abandonaron Juan Gelman, José Emilio Pacheco y el padre de Macondo: Gabriel García Márquez. 2014 permitió que Gustavo Cerati se entregara al sueño eterno, entre otros. Pero fue el año en que una noche en “El Campín” todo tuvo otro matiz y otro color. No importa: supimos esperar para que por fin, al día siguiente nos aplaudieran al llegar a las oficinas o nos llamaran los viejos compañeros de la escuela, como en aquel cuento de Mempo Giardinelli que me recuerda por un solo instante, la noche en que el mundo entero se llamó Independiente Santa Fe.

*Publicado originalmente en circulodepoesia.com