La “final capitalina” fue albirroja

El único título que han disputado Santa Fe y Millonarios (la Superliga de campeones 2013) fue para el Expreso Rojo

Foto: Guillermo Torres

Por Camilo Rueda Navarro

Los dos tradicionales equipos de Bogotá, Independiente Santa Fe y Millonarios, protagonizan el clásico más importante del fútbol colombiano. El único que se ha disputado ininterrumpidamente desde la creación del torneo profesional.

Sin embargo, y a pesar de haberse enfrentado a lo largo de siete décadas en varias competiciones oficiales, nunca se habían encontrado entre sí para definir un título. En el 2011, con la reforma al sistema de campeonato y con su clasificación a semifinales por llaves diferentes, se abrió esa posibilidad.

Santa Fe se había traído un empate de su visita al Once Caldas, y Millonarios ponía un pie en la final al ganarle 3-0 a Junior en la ida. La prensa deportiva y los hinchas hablaron entonces de la posibilidad de una “final capitalina”.

Pero en los partidos de vuelta, Junior empató la serie y se impuso en los penales, mientras que Caldas ganó 2-1 y fue el otro clasificado. El esperado duelo bogotano se quedó sin sus dos invitados.

Hacia la final bogotana

En el campeonato siguiente, Santa Fe consiguió su séptima estrella tras 37 años de espera. Y un semestre después, y como había pasado ya en cuatro ocasiones, Millonarios consiguió el título subsiguiente.

La obtención de las estrellas del 2012 por parte de los equipos bogotanos los puso automáticamente en el camino para disputar la Superliga de campeones, un trofeo creado ese mismo año para enfrentar a los dos ganadores de la temporada. Por fin se daba la expectante “final capitalina”.

El 24 de enero del 2013, en el estadio El Campín, y con el equipo azul como anfitrión, se disputó el juego de ida. Luis Carlos Arias abrió el marcador para Santa Fe con un zurdazo desde fuera del área. Igualó Pedro Franco, pero Arias volvió a anotar, esta vez de cabeza, pese a su corto 1,67 de altura.

Arias celebra con Wílder Medina

Arias celebra con Wílder Medina

El primer duelo finalizó 2-1 a favor de Santa Fe, “visitante” en el papel, en un juego recordado por la emotiva celebración que protagonizó Wason Rentería tras convertir un “gol” en una jugada invalidada.

El encuentro definitivo fue el domingo 27 de enero, en un estadio mayoritariamente albirrojo. En el minuto 45, Carlos Valdés puso el 1-0 para Santa Fe en una jugada de tiro de esquina. El resto del partido fue de trámite, pues los azules fueron incapaces de dar la pelea por la remontada.

Con victorias en los dos juegos, el primer campeón colombiano se hizo con la Superliga de campeones, el único título que ha disputado cara a cara con su histórico rival de plaza.

El primer clásico capitalino

Cómo se palpitó el primer clásico profesional entre Independiente Santa Fe y Millonarios

El sorteo del primer clásico oficial

Por José Luis Fernández

En la víspera del clásico bogotano, son innumerables las anécdotas que se reviven sobre este partido histórico de más de seis décadas de antigüedad y de ininterrumpida realización.

Una de ellas es el primer partido de la era profesional, que se remonta al 19 de septiembre de 1948, y en el cual Santa Fe llegaba como líder del torneo, con 9 puntos, mientras que Millonarios lo escoltaba en la segunda casilla con 8 unidades.

La revista Sábado, del político liberal Abelardo Forero Benavides, en la edición del día anterior del esperado encuentro, resaltaba su importancia publicando la tabla de posiciones del torneo:

Fuente: Revista Sábado, Semanario para todos al Servicio de la Cultura y la Democracia en América, 8 de septiembre de 1948.

Fuente: Revista Sábado, Semanario para todos al Servicio de la Cultura y la Democracia en América, 18 de septiembre de 1948.

Igualmente, el semanario reseñaba el sobresaliente desempeño de los equipos bogotanos a esa altura del certamen. En particular, destacaba que Santa Fe tenía la valla menos vencida (8 goles en contra), mientras que su rival poseía la delantera más efectiva (25 tantos a favor). Para completar la hegemonía del fútbol capitalino, el equipo de la Universidad Nacional ocupaba el cuarto lugar (detrás del Atlético Junior, a la postre subcampeón).

“Es verdaderamente diciente para los tres equipos bogotanos –Santa Fe, Millonarios y la “U”- la colocación que a la altura de la quinta fecha del campeonato nacional observan, ya que los dos primeros ocupan la cabeza y el segundo puesto del cuadro de puntuación”, destacó Sábado.

Al día siguiente, Santa Fe se terminaría imponiéndo a su rival de patio con marcador de 5-3. Los goles santafereños fueron autoría de Jesús Lires López (3), Germán Antón y Canoíta Prieto. Mariano Orozco, Alfredo Castillo y Alfonso Rodríguez descontaron para los azules.

Una semana después, la citada revista titularía su sección deportiva destacando que “Santa Fe puntea firme en el torneo nacional”. Luego del clásico, el “Expreso Rojo” sumó 11 puntos en la tabla de posiciones, ampliando a 3 la ventaja sobre su escolta Millonarios. Por esta razón, el primer clásico fue además un gran paso para conseguir ese primer título de la era profesional, logrado a finales de ese año.

Así mismo, Sábado destacó que el clásico capitalino había sido el partido con más público en lo que iba de historia del fútbol en la ciudad: “En Bogotá, y ante la más grande concurrencia que se haya visto en esta clase de espectáculos, el equipo Santa Fe se impone valerosamente a su gran adversario: Los Millonarios”.

Este domingo, 67 años después de aquel encuentro, se espera una magnitud semejante a la vivida ese 19 septiembre de 1948, con tribunas abarrotadas, en un espectáculo en el que rojos y azules deleiten con juego limpio y de alto nivel a todos los aficionados que desde las graderías tengan la oportunidad de verlo.

El gol de su vida fue el gol que no hizo

Por Eduardo Galeano

Aquella no era una tarde de un domingo cualquiera del año 1967.

Era una tarde de clásico. El club Santa Fe jugaba contra el Millonarios, y toda la ciudad de Bogotá estaba en las tribunas del estadio. Fuera del estadio, no había nadie que no fuera paralítico o ciego.

Ya parecía que el partido iba a terminar en empate, cuando Omar Lorenzo Devanni, el goleador del Santa Fe, el artillero, cayó en el área. El árbitro pitó penal.

devanni afiche

Devanni quedó perplejo: aquello era un error, nadie lo había tocado, él había caído por un tropezón. Quiso decírselo al árbitro, pero los jugadores del Santa Fe lo levantaron y lo llevaron en andas hasta el punto blanco de la ejecución. No había marcha atrás: el estadio rugía, se venía abajo.

Entre los tres palos, palos de horca, el arquero aguardaba.

Y entonces Devanni colocó la pelota sobre el punto blanco.

Él supo muy bien lo que iba a hacer, y el precio que iba a pagar por hacer lo que iba a hacer. Eligió su ruina, eligió su gloria: tomó impulso y con todas sus fuerzas disparó muy afuera, bien lejos del gol.

Fuimos héroes: Santa Fe 7 – Millonarios 3

Documental sobre la mayor goleada en el clásico capitalino: el 7-3 de 1992

pantallazo 7a3

El 23 de febrero de 1992 tuvo lugar el clásico bogotano más recordado de la historia. Ese día, Santa Fe le propinó a Millonarios la goleada más abultada en el duelo de la capital.

Ese domingo, el equipo azul era el favorito e incluso empezó ganando el partido. Pero el León tuvo una destacada presentación que consagró al “Tren” Valencia como uno de los mejores delanteros del país.

Un especial de la serie “Fuimos Héroes”, emitida en una cadena deportiva internacional, recordó aquella gesta de la historia santafereña.

Primera parte:

Segunda parte:

El día que Santa Fe goleó 7-3 a Millonarios

Aquel partido, jugado el 23 de febrero de 1992, es revivido en el libro “Santa Fe, la octava maravilla”

tilger y tren

Daniel Tilger y Adolfo Valencia marcaron gol ese día

Por Carlos Eduardo González

Cuando quieren sacar pecho, los hinchas de Millonarios hablan del triunfo sobre Real Madrid, en un amistoso, en 1952. Los de Santa Fe, en cambio, rebobinan la película hasta el domingo 23 de febrero de 1992 para revivir el clásico capitalino más recordado de la historia.

De los partidos oficiales por torneo colombiano que acredita Santa Fe desde 1948, ninguno tan especial como el de la soleada tarde del domingo 23 de febrero de 1992. Como novedad para atraer la atención de los aficionados en el comienzo del Torneo Apertura, la Dimayor determinó disputar en la primera jornada los clásicos regionales. Y Santa Fe, inesperadamente, bordó la alegría más grande de todos los tiempos en el corazón de sus hinchas: goleó 7-3 a Millonarios en el partido de la historia.

No fue el encuentro más importante, ni siquiera en la historia de los clásicos. No fue trascendental, pues nada decidió. Ningún título se otorgó al cabo de esos 90 minutos, que significaron el punto de partida de una campaña que llevó a Santa Fe al primer lugar de su grupo (B) en aquel primer semestre. Pero, si algún día se realiza una encuesta entre los hinchas ‘albirrojos’ y se les pregunta cuál es el partido que más recuerdan, el triunfo que más felices los hizo, no cabe duda de que ese 7-3 encabezaría con sobrada ventaja.

Ese Santa Fe modelo 92 era dirigido por el temperamental Jorge Luis Pinto y presentaba como novedades al zaguero Álvaro Aponte (ex América), al argentino Daniel Tílger y al peruano Pablo Zegarra, así como la reincorporación de Hernando ‘Pimienta’ Cuero y Armando ‘Pollo’ Díaz, viejos conocidos de la afición. En 1991, Santa Fe había tenido una buena campaña, pues fue segundo del Apertura (por detrás de Millonarios), séptimo del Finalización y segundo del cuadrangular B, lo que le significó un cupo en el cuadrangular final, al lado de Nacional (campeón), América (subcampeón) y Junior (tercero). Aunque su presentación en esa última instancia fue decepcionante (un triunfo y cinco derrotas), había sido protagonista a lo largo de la temporada y los hinchas estaban ilusionados.

Fue una ilusión que, en todo caso, pareció desvanecerse durante la pretemporada, en la que Santa Fe se mostró sin coordinación, especialmente en defensa, y los refuerzos no marcaron diferencia. Los amistosos que disputó, ambos contra Barcelona de Guayaquil, clasificado a la Copa Libertadores, prendieron las alarmas: perdió 3-4 en Ecuador y 1-4 en El Campín. Para rematar, en el clásico Millonarios era local y, por eso, la mayoría de los 30.500 aficionados que acudieron al estadio bogotano estaban vestidos de azul. No había, entonces, demasiadas razones para pensar que Santa Fe iba a tener un buen arranque y, menos aún, que le iba a propinar a su rival de patio (que había arrancado una sonrisa de sus hinchas en la pretemporada) la derrota más humillante de todos los tiempos…

Primera etapa, en tablas

En El Campín se registró un debut que inicialmente pasó inadvertido, pero que con el paso de los años cobró importancia: el del árbitro llanero Óscar Julián Ruiz, luego considerado uno de los mejores del mundo, que terminó su trayectoria con varias marcas, entre ellas la de haber dirigido 57 partidos de la Copa Libertadores de América. En Santa Fe llamaba la atención Tílger, un delantero argentino que había llegado al país dos años antes para reforzar al desaparecido Sporting de Barranquilla; después militó en Once Caldas, con el que mostró su poder goleador.

Millonarios, por su parte, estrenaba a los argentinos Ariel Cuffaro Russo (zaguero central) y Jorge Manuel Díaz (volante), al uruguayo Peter Méndez, que venía con fama de goleador, y al portero Óscar Córdoba, un jovencito de solo 22 años. Así mismo, por primera vez aparecía en su banquillo técnico Moisés Pachón, un hombre de las entrañas de Santa Fe (de hecho, integró la nómina campeona de 1975), por lo que el partido se inició con una pizca de morbo en las tribunas (los hinchas ‘azules’ no recibieron bien su contratación).

Como muchos esperaban, fue Millonarios el que pegó primero. A los 7 minutos, John Jairo ‘Pocillo’ Díaz, un lateral que ese día jugó de volante, se adelantó a la marca de Luis Alfonso ‘Cheo’ Romero y, de cabeza, a pesar de ser de escasa estatura, marcó el primer tanto en el arco de Fernando Hernández. Podía decirse que era lógico, pues el cuadro azul llegaba precedido por mejores resultados y su hinchada estaba convencida de que se iba a gozar a un Santa Fe cargado de dudas. El empate se demoró un cuarto de hora (minuto 22) y fue el estreno feliz de Tílger con la camiseta roja: Adolfo ‘el Tren’ Valencia recogió la defensa de Millonarios con sus regates y mandó un centro para que el argentino la embocara en la cabaña de Córdoba. Con ese marcador terminó el primer tiempo.

Indulto para ‘el Tren’

Aquel domingo, con 14.000 y más aficionados en los tendidos, en la plaza de toros La Santamaría terminaba la tradicional temporada bogotana. El español José Ortega Cano y el ídolo colombiano César Rincón se enfrentaron a seis toros de la ganadería Guachicono, bien presentados, con dificultades, como era habitual en los productos de ese hierro. “Ortega Cano, vestido de nazareno y oro, y Rincón, de palo de rosa y oro. Lleno desde la barrera hasta el tejado”, comentó la prensa. Había una enorme expectativa por el enfrentamiento de los que, por entonces, eran considerados los mejores toreros del mundo.

“La tarde empezó con sol y terminó con frío rompehuesos”, lo mismo que la corrida: terrible entusiasmo al filo de las 3:30 p. m., hora a la que sonaron los clarines; silencio sepulcral y rostros cabizbajos pasadas las 5:30, cuando los aficionados abandonaron el escenario, aburridos. Una sola oreja se cortó por parte de Rincón en su primer toro; escuchó ovación en el segundo, y hubo silencio en el tercero. Para el ibérico, palmas en el primero, silencio en el segundo y bronca en el tercero. Fueron pocos, muy pocos, los olés que se escucharon aquella tarde en la plaza de toros.

Irónicamente, el cántico de olé se escuchó repetidamente unas 30 cuadras más al norte y 20 al occidente, en El Campín. Allí no hubo encierro, ni toros, pero sí un maestro que encendió los tendidos (o las tribunas). Con guayos en vez de capote o muleta, Adolfo ‘el Tren’ Valencia cambió el rumbo de ese clásico, que iba camino de ser uno más en la estadística, y lo convirtió en el partido de la historia para los hinchas de Santa Fe. “Nuevamente, hay que descubrirse ante Adolfo ‘el Tren’ Valencia… O arrodillarse, como quedaron Hamir Carabalí, Ariel Cuffaro Russo y Óscar Córdoba ante las embestidas de un jugador que no se cansa de descrestar y representar una expresión del fútbol ofensivo. La genialidad, la chispa, la fuerza, la explosión y la contundencia de este morocho de Buenaventura ya lo inscribieron en la historia de los clásicos capitalinos”, se escribió al día siguiente en la prensa capitalina.

tren 7-3

“El Tren” Valencia deja a algunos jugadores de Millonarios en el suelo antes de marcar uno de los goles

“Dos minutos le bastaron al santafereño para volver añicos la defensa de Millonarios y dirigir ese canto glorioso de la divisa roja, porque el marcador acaso tiene antecedentes en la época de El Dorado: 7-3.

Un 7-3 que no tiene objeciones porque Independiente Santa Fe fue mucho más que Millonarios durante los 90 minutos. Por dinámica, por ritmo, por despliegue físico, por esa definición que castiga los titubeos. Fue una obra de demolición, porque todo parecía tranquilo, un clásico equilibrado en el marcador (1-1)”, escribió el cronista de El Tiempo. Durante 53 minutos, fue un partido normal que no se salía del libreto previsto, pero apareció ‘el Tren’ y se llevó por delante a Millonarios…

“La gente azul quiso vivir una fiesta por las innovaciones de su formación, pero se fue muy preocupada y aplaudiendo a un ‘Tren’ Valencia que, en dos minutos, liquidó el clásico. Es el mejor patrimonio de Santa Fe”, sentenció la prensa. El decorado de la fiesta era albiazul, pero poco a poco, a medida que Adolfo Valencia ejecutaba sus pases, ligaba sus tandas, al mejor estilo de César Rincón, se tiñó de rojo y blanco. Y Valencia, todo Santa Fe, salió indultado como si fuera un toro bravo y noble que había hecho méritos suficientes para que se le perdonara la vida, aplaudido a rabiar por propios y extraños. Y Tílger, que ese día tomaba la alternativa con la casaca santafereña, salió a hombros, por la puerta grande, con una tripleta y dos habilitaciones.

Nunca antes, y nunca después hasta ahora, un equipo le marcó a su rival 7 goles en un clásico. Aunque hubo otras goleadas, en ninguna la humillación del perdedor alcanzó tal dimensión ni la misma trascendencia.

Los hinchas de Millonarios llegaron a El Campín convencidos de que su equipo se iba a gozar a un Santa Fe que llegaba inmerso en un mar de dudas, pero gracias a la magia del ‘Tren’ Valencia y al poder goleador del travieso Daniel Tílger la arepa se volteó. Y como el que gana es el que goza, Santa Fe gozó, y sigue gozando…

Aquel 23 de noviembre

El arquero Camilo Vargas marcó el histórico gol con que Santa Fe derrotó 1-0 a Millonarios, un triunfo que metió al equipo cardenal entre los ocho mejores del torneo finalización 2011.

camilo vargas

Por Rodrigo Urrego Bautista

Camilo Vargas, el joven arquero de Santa Fe, parecía un testigo de excepción de lo que parecía ser la eliminación de su equipo. Su presencia en la cancha había pasado inadvertida, porque Millonarios, ya clasificado a los cuartos de final, había renunciado a pelear por el clásico 265 y el simple empate le servía para sellar la suerte de su eterno rival.

Pero Vargas, que no había hecho ni siquiera una atajada decisiva, quiso pasar a la historia. Con timidez, en el último minuto del partido apareció en el área en lo que parecía ser una presencia desesperada.

Ómar Pérez, la otra figura de la cancha, cobró un tiro de esquina. Los defensas de Millonarios se ocuparon de custodiar al paraguayo Centurión y el arquero Vargas aprovechó su soledad. Se levantó con más fe que técnica y tocó el balón con su cabeza.

Nelson Ramos, el arquero de Millonarios, responsable del empate hasta ese momento, no tuvo reacción. La pelota entró ceñida al palo y los jugadores de Santa Fe corrieron a abrazar a su arquero, al que la afición quería hacerle un monumento.

Un minuto le bastó a Vargas para pasar a la historia. Es el primer arquero de Santa Fe que en la historia ha marcado un gol en jugada en movimiento.

Paradójicamente, el arquero Camilo Vargas le dio lo único que le faltó a Santa Fe en todo el partido. La definición. Porque el dominio total de la pelota que tuvieron los cardenales desde el minuto 15 del primer tiempo se hizo intrascendente por la incapacidad de sus delanteros.

Ómar Pérez se cansó de poner de cara al gol a Óscar Rodas y sobre todo a Jonathan Copete, que tuvo dos clarísimas opciones en el primer tiempo, que no supo definir, y una más en la segunda parte, que lo único que permitió fue hacer figura al portero Ramos.

Y aunque necesitaba de la victoria, Santa Fe parecía sucumbir ante un Millonarios que salió sin afanes, a controlar con inteligencia el partido, y que se lo complicó solito porque tuvo en la zona izquierda de su defensa a dos jugadores erráticos: Alejandro Cíchero y Jarold Martínez.

En ataque, una sola aparición, la del paraguayo Jaison Ibarrola, que en una gran jugada individual, estuvo a punto de eliminar a Santa Fe. Millos perdió la posibilidad de sacar del camino al rival que más le complicó las cosas en todo el torneo.

Pero para mantenerse vivo, Santa Fe necesitaba marcar un gol. Y en la recta final del partido no había por dónde. Todo parecía consumado y Santa Fe lucía resignado a un empate que sabía a eliminación.

Pero Camilo Vargas no se sentía derrotado. En el último minuto del juego se fue al área rival para pasar a la historia. Una historia que lo tiene de elegido en los clásicos, pues el primero que disputó, el 11 de septiembre del 2010, le tapó un penal a Yovany Arrechea. Catorce meses después no fue decisivo con sus atajadas. Lo hizo con un gol que pasará a la historia. Un gol que bien merece una clasificación.

*Publicado originalmente en Semana.com

The First Colombian Capital Classic

El sorteo del primer clásico oficial

By Brian Seal

On 19 September 1948, Santa Fe defeated local rivals Millonarios 5-3 in the first official Bogotá derby, El Clásico Capitalino. (The coin toss for that match is shown on the picture, with Sante Fe’s captain on the right and Millonarios’ captain on the left).

Millonarios was founded in 1946, though it traces its history back to 1937 through two earlier versions of the club. The name “Millonarios” had originally been a nickname given to the club for its heavy spending to bring in foreign players. Santa Fe was founded in 1941 in a Bogotá café and was named after the street on which the café was located.

The clubs first met in a local league match in 1942, when Millonarios were known as Club Deportivo Municipal, but the 1948 derby was the first meeting between the clubs as they currently exist and the first in the División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano (“Dimayor” for short). 1948 was the inaugural season for the Dimayor, who had just seceded from FIFA over a dispute with the Colombian amateur football organization.

Both Millonarios and Sante Fe benefitted from working outside FIFA’s constraints on transfer and player payments, and both were able to lure high-profile signings from both sides of the Atlantic. Millonarios acquired Alfredo di Stéfano and Adolfo Pedernera from River Plate, while Sante Fe signed Neil Franklin from Stoke and Charlie Mitten from Manchester United.

Santa Fe won the Dimayor in that first season, while Millonarios won it the next year. Between them, Santa Fe and Millonarios have won 22 first division titles.